La última caída

La última caída #EscribePorElCambio

La última caída

Bella como nadie podría imaginar, malévola como nunca alguien podría pensar, increíblemente capaz, demencialmente imperfecta. La humanidad creció, siempre acostumbrada a su, irrevocable, condición de soledad. Situada en su hogar, ese gigantesco hábitat que siempre la rodeaba, esa diminuta realidad del universo en la que se desarrollaba su existencia.


Mientras se desarrollaba, la humanidad siempre pensó en más, siempre anheló más, siempre buscó más, pero eso tenía implicaciones. Por cada pensamiento se avecinaba una pesadilla, por cada anhelo un hastío, por cada búsqueda una eminente pérdida. Por lo que, en su insoportable necesidad de estar mejor, de sentir más, de esforzarse menos, destrozó su hogar, ese nanométrico dominio galáctico asignado para su propia supervivencia. Taló los bosques, quemó sus selvas, tomó el líquido vital, que contempló su mismísimo comienzo, y lo inundó de deshechos, de egoísmo y muerte.


La humanidad estaba acostumbrada al fracaso, a la derrota, al sentimiento agridulce de querer intentarlo otra vez. Sin embargo, las costumbres son peligrosamente inconscientes, la humanidad nunca se dio cuenta de la derrota que estaba sufriendo, del monstruoso fracaso que, ella misma, estaba cultivando, una actividad antinatural a la vez. El consumismo que desbordaba de los corazones hacía agonizar a los ríos y lagos, la individualidad destrozaba a cada valle y montaña, mientras que la capacidad para hacer lugar a otro, para amar, se diluía en la constante oportunidad de cambiar.


La humanidad no era capaz de ver que la desigualdad, que ella misma creó, sería la precursora de su última caída.