Solo un mundo

Solo un mundo #EscribePorElCambio

Solo un mundo

—Solo es una basura.

Soltó indiferente y aquel pedazo de plástico azul cayó al suelo. Su vida fue buena. Las aves trinaron el día de su boda, conoció el canto de los grillos en las noches y el de las cigarras en verano, las flores le colorearon docenas de viajes inolvidables. En quellos tiempos, la televisión también llenaba sus ojos de propaganda ambientalista. Cientos de documentales hablando de animales a punto de extinguirse se apilaban en su conciencia, quedando todo ahí adentro, en un remordimiento y una angustia que se resolverían, tarde o temprano, cuando la humanidad hiciera algo.

Si los koalas, los delfines o los rinocerontes se esfumaran en cualquiera de sus días ordinarios (como sucedió), aún quedaban miles de especies que llenaban los mares y los bosques.

Su nieto, cincuenta años después, encontró el mismo plástico azul que una vez su abuelo había arrojado. El plástico, intacto, continuaba brillando, pero la Tierra se erosionaba sin sus venas de agua, sus pulmones verdes y las vidas que debían pisarla para mantener el ciclo de su corazón activo. 

El muchacho de ojos heredados tomó el retazo de basura entre sus manos, al igual que muchas otras personas en ciudades de lejanos continentes, decididos todos a heredarle un mejor planeta a los que vinieran después.

—Solo es un mundo —susurró el nieto del hombre que vivió hace cincuenta años, reconociendo en el horizonte yermo un futuro que no le correspondía conocer.