EPIFANÍA

EPIFANÍA

EPIFANÍA

Son pocos los que entienden 

 La exclusividad del presidio, 

 Ese que no requiere muros, barrotes o sentencias, 

 Solo incluye tormentos, derrotas, 

 Una tras otra

 Y un inmenso escarnio: 

 Una marea turbia de desprecio y desencanto. 

 -Pueblo-

 ¿Para quién repican las campanas en un día tan soleado? 

 ¿Quién ha sido tan inoportuno? ¿Quién el día ha estropeado? 

 El horror, el hambre 

 El olvido,   

 La adoración y toda su condena 

 Han servido, sin duda,

 A la mente atormentada 

 De furtiva sentencia; 

 La resaca y el dolor inmundo 

 Se retuercen en las entrañas   

 Del maldito que ahora prepara

 Con una soga, su última hazaña. 

 -Pueblo- 

 ¿Para quién repican las campanas en un día tan soleado? 

 ¿Quién ha sido tan inoportuno? ¿Quién el día ha estropeado? 

 La marea pútrida 

 Se asoma con ansias a la Plaza de Armas:  Una concurrida maraña 

 De arpías y alimañas. 

 Se esparce por la avenida 

 Cual fangosa marea vespertina, 

 Una multitud morbosa 

 Adicta a la crueldad y la rencilla.  

 -Pueblo- 

 ¿Para quién repican las campanas en un día tan soleado?   

 ¿Quién ha sido tan inoportuno? ¿Quién el día ha estropeado? 

 Un escueto y pálido hombre 

 Cuelga de una soga 

 En medio de la Plaza de Hermes. 

 Danza su cuerpo sin vida   

 Al compás del hedor y la muerte:   

 ¡Un poeta! ¡Un artista! 

 ¡Vaya vista! ¡Un bello rostro! 

 ¡Un hereje! ¡Vaya muerte! 

 -Pueblo- 

 Las campanas repican por aquel 

 Que en su locura circense 

 Ha decidido dar al mundo 

 El espectáculo concluyente: 

 El alegre bufón, El audaz,   

 El cantor, 

 Vestido en sus mejores galas

 Nos ha mostrado 

 De su inevitable humanidad, 

 ¡El horror!

 -Un cartel en su pecho- 

 ¡Celebrad! ¡Reíd!   

 ¡He aquí el Acto Final!