CAPÍTULO 1

Pide un deseo

CAPÍTULO 1

Carlos



Al llegar a la casa después del viaje de vacaciones lo único que Carlos quería era tumbarse en su cama. La idea de ir a otra escuela cuando ya tenía toda la vida hecha no lo ponía tan nervioso como a otras personas, de hecho le alegraba un poco. ¡Conocería nuevas personas! Eso le encantaba. Sólo se sentía muy cansado después de lo que fueron las vacaciones-más-divertidas-de-toda-su-vida.

Por ahora sólo quería dormir bien para tener un gran primer día. La emoción lo mantuvo despierto un par de horas hasta que por fin logró conciliar el sueño.

Cuando Carlos despertó lo primero que vio fue la hora en su teléfono. ¡Lo que faltaba!, se le hizo tarde. Se dio un baño tan rápido como pudo y se puso su uniforme, ¡vaya que era feo! Un pantalón gris y un chaleco verde apagado no resultaba muy atractivo. 

Después de peinarse y cepillarse los dientes, quedaban veinte minutos y aún debía hacer varias cosas. Metió todos los libros y cuadernos en su mochila rápidamente, tomó un pan con mermelada y salió disparado en su bicicleta.

Sólo quedaban tres minutos para el timbre cuando llegó a la escuela. No le daría tiempo ni para saludar.

Entró a su salón y todos lo observaron como si fuera un objeto extraño. Carlos no pudo evitar sonreírles de forma amigable. Quería conocerlos a todos. 

Todos sus nuevos compañeros hablaban con sus amigos, algunos susurraban mientras lo miraban. Recorrió el salón con la mirada y reconoció a una chica pelirroja inmediatamente, ella estuvo un año en su antigua escuela, su nombre era Rebecca. Nunca olvidaría ese nombre. 

Como no llegaba ningún profesor, Carlos fue a hablar con ella. Rebecca se encontraba riendo entre un grupo de chicas y al notar su presencia, su expresión se ensombreció.

—¡Hey!... Rebecca, ¿no? —preguntó Carlos con una gran sonrisa en su rostro.

—Sí —respondió la chica de manera cortante y volvió a la conversación con sus amigas

—¡Estuvimos en el Instituto Ferrec!

Rebecca rodó los ojos y respondió de mala gana:

—Sí, creo que me acuerdo de ti... Estabas en mi club de dibujo.

—¡Me recuerdas! Soy Carlos —el chico no podía evitar sonreír y extendió una mano para saludarla, ella no respondió.

Una de sus amigas le susurró algo a Rebecca en el oído. Ésta última lo miró y se rió.

—Carlos, ¿te gustaría sentarte con nosotras?

El chico estaba realmente emocionado. Su plan para hacer amigos había funcionado más rápido de lo que pensó.

Observó a las demás chicas, dos de ellas eran castañas y una tenía el cabello negro, todas con una coleta alta.

Cuando iba a saludarlas a todas llegó el primer profesor, la primera clase era matemáticas, a él no le gustaban, pero eso no arruinaría el día. Al menos eso pensaba.

Durante toda la clase, Carlos notó que Rebecca estaba resolviendo todo con la calculadora de su teléfono, y no sólo eso, no paraba de mandar mensajes, probablemente a sus amigas que estaban alrededor. En un punto todas se miraron de forma cómplice, como si estuvieran planeando algo.

Las siguientes horas clase, resultaron un poco aburridas porque no hubo un espacio libre para que el chico pudiera hacer más amistades, le gustaba poner atención en clase y no quería meterse en problemas tan rápido. Una clase antes del receso, un chico muy alto con lentes se le acercó y comenzó a hablar con él.

Antes de que llegara la siguiente profesora, Carlos logró averiguar tres cosas, el chico se llamaba Luis, tenía una gran familia en la escuela y le gustaban las computadoras. Luis resultó ser muy agradable y parlanchín, se le veía muy feliz hablando de tecnología y aunque Carlos no entendía mucho le prestó atención, lo que decía parecía interesante.

Cuando la hora de receso llegó, Carlos y Luis salieron juntos y estuvieron hablando un buen rato, hasta que llegó Rebecca y le dijo algo a Luis al oído. A Carlos no le gustaba meterse en conversaciones ajenas así que desvío su vista hacia unos tipos grandes que estaban dándole vueltas a un chico más pequeño, el pobre salió volando, no pudo evitar reír de la situación.

Cuando Rebecca se fue, Luis se dirigió a Carlos de forma muy triste y seria:

—Hum... Yo, me tengo que ir. No me siento muy bien.

Él no se veía muy seguro, pero aún así le dijo que no se preocupara y lo acompañó de vuelta al salón, se llevó su mochila y se fue a la dirección para que lo recogieran.

Todo eso le pareció extraño a Carlos, si Luis se sentía tan mal, ¿por qué no le dijo nada a sus hermanos? Se veía muy alegre antes de que llegara Rebecca. Aunque su amigo no comió nada en todo el receso. La situación resultaba algo sospechosa.

El resto de las clases, Carlos no hablo con nadie. Ni siquiera con Rebecca.


CAPÍTULO 2