uno

frígida » jungkook |+18|

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«Al inicio de cada capítulo, pondré una lista sobre lo que aparecerá a lo largo del mismo. Este no tendrá porque es el primero y no quiero ir tan fuerte ;)»










Flashback

—Lo siento, Hye, pero no me interesas —dijo él, encogiéndose de hombros.

—¿P-por qué? Yo ... Yo de verdad quiero tener una cita contigo, Minhyuk ... —luché por reprimir las lágrimas.

—Mira, cariño —lo vi sacar un cigarro de su bolsillo—. No me vais las chicas como tú. Eres hermosa, muy bonita, pero las recatadas no me gustan mucho, ¿sabes? Eres una frígida, Hye. Todo el mundo sabe eso y no voy a salir con alguien así. Lo lamento.

Fin de flashback


Llegué a casa con las lágrimas rodando por las mejillas. Caían y caían, y yo solo sollozaba. No me importaba que papá y mamá estuvieran en casa y pudieran verme destrozada. Yo de verdad tenía el corazón roto por haber sido rechazada a manos del chico que siempre me había gustado y no tenía intención de esconder mi dolor.

Las luces de la planta baja estaban apagadas cuando llegué. Yo apenas veía a causa de las gotas en mis ojos, pero logré llegar hasta las escaleras y subirlas corriendo. Solo quería llorar en la seguridad de mi cuarto, refugiada entre mis suaves sábanas y olvidar que Minhyuk me había destrozado de la peor manera posible.

El pasillo también estaba a oscuras, y tanteando por la pared para llegar a mi cuarto, tropecé con algo que no supe identificar y que se estrelló contra la moqueta provocando un fuerte ruido. Los cristales cayeron y yo con ellos al suelo por el impacto.

Sentía los pedazos puntiagudos clavados en mis manos y rodillas, imaginando que debía haber chocado con uno de los jarrones de mamá, que ahora se encontraba hecho trizas por mi torpeza.

—¿Hye? ¿Eres tú?

Las luces se encendieron como por arte de magia y yo alcé la mirada, llorando a mares.
La figura, alta y fornida de mi hermano, fue lo primero que vi. Él llevaba ropa de estar por casa entonces, y al verme allí tirada, se apresuró a llegar hasta mí.

—Maldita sea, Hye ... Estás sangrando, pequeña. ¿Te encuentras bien? ¿Qué ha pasado?

Un sollozo escapó de mis labios. Había sangre en las palmas de mis manos, chorreando por mis brazos. Pequeñas gotas caían al suelo, pero mi llanto no era por eso.

"Frígida", su aclaración se repetía en mi cabeza una y otra vez, en un bucle interminable que me recordaba lo que pensaban todos de mí.

Mi hermano mayor se arrodilló frente a mí, tomándome de las muñecas y observándolas alarmado. Las acarició con delicadeza, embadurnándose con mi sangre al hacerlo. No dolía en absoluto, es más, sus suaves caricias me calmaron por segundos, hasta que recordé el motivo de mi tristeza y todo se volvió peor.

—Hye ... Dime algo, vamos —su súplica era sincera, pero yo no podía dejar de llorar.

Desesperado por no obtener una respuesta, maldijo algo que no pude oír, y se las arregló para pasar sus fuertes brazos bajo mis malheridas piernas y cogerme en peso. Yo, por inercia, decidí acurrucarme contra su pecho, llenando su camiseta blanca de aquel líquido rojizo y espeso que escapaba sin cesar de mis heridas. Poco después, sentí un cómodo colchón chocar con mi espalda y abrí los ojos algo más calmada aunque las lágrimas seguían bajando por mi rostro.

Así continué durante otros diez minutos, el tiempo que necesitó mi hermano mayor para limpiar los cortes, sacar los cristales y vendar mis manos y rodillas. Yo estaba ausente, no le respondí en ningún momento durante la curación. Me sentía tan humillada y avergonzada por haberle declarado mis sentimientos a Minhyuk y haber recibido un no por respuesta que no me atrevía a abrir la boca de nuevo. Pero, lo más ridículo de todo, era que seguía soñando con que él me aceptara a su lado.

La cama se hundió a mi lado y el hermoso rostro de mi hermano entró en mi campo de visión. Se tumbó a mi lado, limpiando con sus finos dedos mis pálidos pómulos. Yo bajé los párpados, agotada de todo y entregándome a los dulces mimos que regalaba a mi piel.

—¿Vas a decirme qué ha ocurrido? Te ves fatal, Hye —murmuró, evidentemente preocupado por mí.

Solté un largo suspiro y negué de un lado a otro, dolorida y deseando que olvidarlo fuera más sencillo que lamentarlo.

—No ... No quiero recordarlo ... —le respondí.

—Hye ... Cuéntamelo. Prometo no decir nada a papá ni a mamá —sus dedos delinearon mis labios resecos y yo lo miré—. Será nuestro secreto.

Un secreto al que seguirían muchos más de los que podría imaginar entonces.

Suspiré, terriblemente cansada, pero tragué saliva, armándome de valor, y logré darle un pequeño resumen de lo acontecido aquel día en la preparatoria.

—Minhyuk ... Yo le he dicho que me gusta, y él dijo que no saldría conmigo por ser una frígida.

—Jodido desgraciado del demonio ... —pero el temblor en mis comisuras lo hizo reprimir más insultos y tomarme de la cintura para rodearme con sus brazos—. No te preocupes, ¿vale? Él es un estúpido por decir eso y no ver lo bonita y buena que eres. No llores, hermanita ...

—Pe-pero ... No quiero ser una santa para él. Me sigue gustando y yo quiero que se fije en mí ... —rebatí entre penosos sollozos.

Se encargó de abrazarme con su habitual cariño, peinando mi cabello y besando mi cabeza entre susurros que comenzaron a adormecerme y a calmar mi estridente llanto.

—¿Mejor?

Asentí, escondiéndome en el hueco de su cuello, acoplando todo mi cuerpo el suyo. Sentí mis pechos, bajo la camisa del uniforme, rozar su duro pecho y sentir aquellos escalofríos que me atacaban siempre que mi hermano y yo estábamos así de cerca.

Su mano palmeaba mi espalda, y yo recopilé el poco orgullo que me quedaba para rogarle.

—Kookie, ayúdame ...

—¿Ayudarte? Hye, cariño ... —intento alejarme de él, pero yo sé lo negué, abrazándome aún más a su torso, aplastando mis senos contra él—. ¿Cómo podría ayudarte en eso? No conozco al chico, no sé ...

—Jungkookie, por favor ... Tú podrías enseñarme a gustarle ... Eres un chico también —supliqué al borde de las lágrimas de nuevo.

Mi hermano lo meditó durante unos minutos en los que solo se escucharon nuestras respiraciones acompasadas.

¿Estaba haciendo la tonta acaso? Yo quería demostrarle a Minhyuk y a todo el mundo que no era una cerrada, que nada me impedía tener a alguien. Yo quería que todos vieran en mí a una chica como las demás, no una marginada que no ha tenido nunca una relación por miedo.

De repente, noté su boca en mi oído, despertándome por completo. La calidez de su aliento era estremecedora y más atrayente de lo que habría imaginado.

—Hye ... Si te ayudo ... Lo haremos a mi manera, ¿de acuerdo?

—Sí, oppa —asentí, efusiva y emocionada.

Si Jungkook me ayudaba, seguro que lo lograría. Él había estado con muchas chicas y sabía cientos de cosas. Me aconsejaría bien. Siempre lo había hecho, cuidando de mí.

Había regresado del extranjero después de estudiar sus dos primeros años en una prestigiosa universidad de Alemania, y ahora que había regresado para terminar sus estudios en casa, yo quería recuperar el tiempo perdido. Hacer eso juntos, seguro que nos uniría más y yo de verdad quería estar cerca de mi asombroso hermano mayor.

Me apartó poco a poco de él, dejándome confundida por ello. Lo vi humedecer sus finos labios mientras me miraba fijamente, como si quisiera encontrar algo en mi mirada.

—¿Kookie?

Su mano abarcó mi mejilla, rozándola y haciéndome sonreír levemente. Amaba a mi hermano con toda mi alma.

—Eres muy inocente, Hye. Eso me gusta, ¿sabes? —yo me sonrojé, lo supe por el calor que se agolpó en mi rostro—. Si yo te ayudo, harás lo que te diga. ¿Estás bien con eso?

—Sí, Jungkook-ah —reafirmé, ilusa—. Confío en ti y haré lo que tú quieras.

Una pequeña sonrisa asomó en sus labios, conforme con la respuesta. Apartó mi cabello hacia un lado, pensativo, y yo admiré el lunar que descansaba bajo su labio inferior. Tan tierno, tan hermoso como él.

—Bien, pequeña ... Ahora duerme un rato —fue explicándome sin prisas—. Esta noche debo salir, pero volveré a las doce en punto. Mamá y papá no estarán, volverán mañana por la tarde, así que te espero esta noche aquí. Solo tienes que meterte en el armario y esperar a que yo llegue sin hacer ningún ruido. Solo debes observar, ¿entendido?

Su petición fue de lo más extraña, pero sin ningún tipo de sospecha, asentí, besando su mejilla a modo de agradecimiento.

El juego empezaba esa misma noche y yo cerré los ojitos ansiosa por que llegara el momento en que empezara aún sin tener idea de lo que eso conllevaría.
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