Justicia

Justicia

Justicia

Justicia

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Y en el silbido lastimero del viento,

murmullo incallable de insaciable apetito.

Allí en lo más oscuro de su profundidad,

ella aguarda en la quietud de las almas.

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Y se eleva cuando llueve y truena

para hacerse vida en la voz del cielo.

Y cae cuando la tierra cruje,

y toca su serenata en las noches de desconsuelo.

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Y ama con la ferocidad de una bestia.

Pues nada más que la incertidumbre inconclusa

del campo de batalla estruendoso y avaro

puede su alma tornar a la inconsciencia. 

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Y en las palabras vanas de la muerte, 

de onírico castigo interminable y justicia,

ella piensa mientras sueña que existe

Y no es más que un insulso recuerdo de vida.

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Y cuando el fuego crepita en la altura,

sólo sus alaridos se vuelven carne.

Y transmuta su esencia en el humo

para llegar a los más lejanos valles.

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Y en lo cristalino puro del agua

cuando ni los peces vuelven la vista,

ella ahoga hasta la última lagrima 

y baña hasta el más cansado día.

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Pero cuando el fuego deja de crepitar,

el agua de lavar, el viento de silbar

y la tierra de crujir, ella solo espera.

Aguardando la promesa de la dicha eterna.