CAPÍTULO 2

Árboles de ceniza ( Ganadora concurso #SoyTalento )

CAPÍTULO 2

Odio llegar tarde y este es el caso. El aula ya está bastante llena y sólo quedan algunos sitios libres desperdigados aquí y allá. Recuerdo la última frase de David e intento encontrar dos asientos libres juntos. Estoy a punto de desesperarme cuando le veo a él en la zona de la izquierda, haciéndome gestos y señalándome con la mano la silla que se encuentra a su lado. Mientras me acerco me doy cuenta de que lleva ropa distinta, una camisa azul que le queda estupenda y unos vaqueros. “Seguro que incluso se ha duchado. Y aquí estoy yo con la misma ropa después de un largo viaje y sin haberme peinado siquiera. ¡Genial!”. No puedo evitar tener este pensamiento y más al ver su maravillosa sonrisa. “Y yo perdiendo tiempo analizando la habitación. Nota mental: Debería empezar a preocuparme por mi imagen. Por lo menos mientras siga tratando con alguien con aspecto de modelo de anuncio”. Ni yo misma me creo mis palabras. Si en diecisiete años no me preocupado de esas cosas, no creo que de la noche a la mañana sea capaz de convertirme en alguien diferente. Me siento intentando parecer lo más digna posible teniendo en cuenta que me siento una zarrapastrosa a su lado.

—Gracias por guardarme un sitio.

—Los he elegido cerca de la ventana con vistas al bosque por si el curso resulta tan aburrido que necesitamos distraernos.

“Y además tiene buenas ideas. Está claro que este chico es perfecto. No me quedaré tranquila hasta que le encuentre algún fallo que le haga parecer más humano”.

Dudo si preguntarle por su habitación, pero me armo de valor, ya que imagino que son todas iguales y no que me han dado a mí esa porque tengo pinta de esquizofrénica.

—Oye… tu habitación… no sé. —A ver cómo lo digo sin parecer una loca—. ¿No es un poco rara?

—¿Lo dices por esa mezcla entre celda y laboratorio?

—¡Exacto! —exclamo levantando la voz, la vuelvo a bajar cuando veo que varios compañeros se giran para mirarnos y añado— Ya sabía yo que me recordaba a algo… Si es que solo faltan los barrotes en las ventanas. ¿Por qué las habrán amueblado así? No tiene ningún sentido viendo el resto del edificio.

David se queda pensativo durante un momento.

—Quizás les resulta más cómodo dado el alto número de estudiantes que realizan cursos aquí a lo largo de un año…

—Sí, puede ser, pero me sigue pareciendo un poco raro. ¿Qué opinarán el resto?

Miro a nuestro alrededor y veo a varios compañeros hablando entre ellos pero la mayoría no se relaciona, simplemente esperan en sus asientos entretenidos con su netbook, tablet, mp4, móvil y tecnología varia.

—Muchos de aquí son tan raros que yo creo que no les extraña nada.

Todavía nos estamos riendo de su comentario cuando se abre la puerta del aula y un gran silencio lo invade todo inmediatamente. Victor Walsh entra con paso seguro y se dirige a su atril con un montón de papeles bajo el brazo. Mi primer pensamiento es que las fotografías que aparecen en las revistas de divulgación científica donde publica sus estudios no le hacen justicia. Parece bastante más joven e irradia tal energía a su alrededor que inmediatamente sientes interés por cada uno de sus movimientos o palabras. Aun sabiendo que ya estamos preparados para prestar atención se toma su tiempo para ordenar sus papeles y mirarnos uno por uno a todos. Me da la sensación de que con ese primer vistazo ya sabe quiénes somos cada uno de nosotros ya que habrá estudiado personalmente todos los expedientes. Seguimos esperando a que comience a hablar y cuando lo hace entiendo que el tono pausado y ese volumen perfectamente modulado son el resultado de muchos años de clases, conferencias y cursos.

—Buenos días a todos. Soy el profesor Victor Walsh, profesor de filosofía científica y neurociencia y durante las próximas semanas voy a impartir el curso “El sueño: estudio y demostración”. Estará dividido en dos partes: una, de estudio y desarrollo y otra, de investigación y demostración. Es decir la primera parte será el estudio filosófico y psicológico del sueño y la segunda, la demostración científica y médica de las ideas planteadas. Tendréis clase seis horas al día, cuatro por la mañana y dos por la tarde con diversos descansos y tiempo para comer.

Comer. En cuanto oigo la palabra mis tripas emiten un rugido de queja y casi estoy deseando que termine la presentación para poder dar un bocado a algo. “Yo con el estómago vacío no funciono bien”.

—Os habréis preguntado el porqué de vuestras asépticas habitaciones. Eso forma parte del programa de experimentación. Todos los días por la mañana, vuestra primera tarea será escribir lo que habéis soñado con la mayor cantidad de datos y detalles que podáis recordar. Muchos no habréis hecho esto nunca, pero según pasen los días y vayáis ejercitando vuestra memoria veréis que sois capaces de dar un mayor número de detalles. Esta tarea es obligatoria e indispensable para participar en el curso al igual que la asistencia a clase y el cumplimiento de las normas. Todos los días traeréis ese informe a la primera clase y lo entregaréis en sobre cerrado para que tengáis la tranquilidad de saber que sólo yo evaluaré lo que hayáis escrito. Vuestras habitaciones han sido preparadas para que estén exentas de todo tipo de estímulo ya que eso facilitará vuestro descanso y por tanto la calidad del sueño. Intentad no saturar vuestro espacio llenándolo de objetos personales ya que resultará contraproducente.

Al decir esas palabras recuerdo mi peluche sobre la cama y pienso que quizá no ha sido tan buena idea dejarlo allí.

—Todos los que estáis aquí habéis sido elegidos por vuestros trabajos relacionados con el sueño y su interacción en la vida de cada persona. En este curso daremos respuesta a algunos de los enigmas planteados. Espero que estéis motivados para trabajar duro y que el resultado sea satisfactorio para todos. No quiero aburriros más por hoy, ya que imagino que todos estaréis cansados después del viaje, así que podéis dirigiros al comedor que como ya sabéis que se encuentra en la planta baja de vuestra residencia. No tiene pérdida. El resto de la tarde la tenéis libre para descansar y poder deshacer vuestro equipaje. Nos vemos mañana.

Nuestros compañeros comienzan a moverse perezosamente. Algunos siguen tecleando sus ordenadores y otros parecen tener dudas sobre qué hacer. Yo me levanto y evito estirar los brazos y las piernas porque es de mala educación, aunque estoy deseando hacerlo porque el asiento me ha dejado totalmente agarrotada.

Sin esperarlo noto que David me agarra de la mano y tira de mí.

—Vamos, rápido, estoy hambriento. No voy a dejar que todos estos conectados a la red hagan cola delante de mí y tener que esperar.

Me río mientras me dejo arrastrar por él, encantada de que me lleve de la mano, una mano grande y cálida que envuelve la mía con fuerza y determinación.

No se cómo, pero encuentra el lugar rápidamente, sin dudar ni un momento de qué camino tomar, y al llegar vemos con alivio que sólo tenemos a tres compañeros en la cola.

Cogemos las bandejas y comenzamos a mirar la infinidad de posibilidades. La verdad es que todo tiene una pinta estupenda y aunque hay tal variedad de platos que durante un momento dudo, me termino decantando por una enorme porción de lasaña con patatas, una ensalada y como soy una golosa sin remedio, tarta de chocolate. No hay que pagar ya que el curso es un “todo incluido” como el mejor de los hoteles y cuando cojo la bebida veo que David está abriendo una puerta que da al patio mientras me hace señas con la cabeza. Intento olvidar, aunque soy la persona más torpe del que, que tengo una bandeja rebosante de comida entre las manos y le sigo. Me lleva varios pasos de ventaja y sin dudar se dirige a las mesas de piedra de la zona de césped. Me parece muy buena idea, ya que hace un día estupendo y sería una pena estar encerrados en el comedor. Bastante duro será pasar el verano estudiando en vez de disfrutar de unas vacaciones como Dios manda.

Cuando llego y consigo colocar la bandeja en la mesa sin haber tirado ni una sola patata, todo un logro del que me enorgullezco. Miro por primera vez la suya y mi cara de asombro debe hablar por sí misma.

—¿Qué pasa? ¿Te sorprende lo que he elegido?

No puedo evitar reírme.

—Lo que has elegido no. ¡Todo lo que has elegido! ¿Has dejado algo para los demás?

Su bandeja está tres veces más llena que la mía, repleta de platos de lo más variados: ensalada, pollo, patatas fritas, macarrones a la carbonara, unos rollitos que prefiero no saber qué contienen, macedonia de frutas y dos porciones de tarta de chocolate.

—-¿No has comido en un mes? Y luego a mí me llaman tragona…

Mueve la cabeza resignado.

—Pues imagínate, soy el que menos como de mis hermanos. —Cambia la voz intentando parecer trágico—. Mis padres tienen que trabajar horas extras para poder llenar nuestros estómagos. —Señala mi bandeja—. De todas formas tú tampoco te vas a quedar con hambre.

Noto cómo enrojezco mientras examino mis platos.

—Bueno, siempre he sido una tragona. Soy muy nerviosa así que lo quemo todo —decido cambiar de tema—. Por cierto, qué rápido has encontrado el camino al comedor, no has dudado ni un momento.

Engulle varias patatas mientras me mira con cara traviesa.

—Eso es porque antes de ir a la presentación revisé toda la planta baja, así que digamos que sabía a dónde dirigirme. Ya sabes, lo principal para la supervivencia es encontrar una fuente de alimento y agua.

“Dios mío. Yo no tuve tiempo ni de darme una ducha y él incluso inspeccionó toda la planta y además llegó antes al aula”. Está claro que me va a seguir sorprendiendo.

Seguimos comiendo y veo que somos los únicos que nos hemos sentado fuera, el resto ocupan diversas mesas dentro del comedor. Parece que David me ha leído el pensamiento porque comenta con voz baja y misteriosa…

—Son como vampiros, pasan tanto tiempo encerrados en sus casas que están acostumbrados a que no les dé ni un rayo de sol. Por eso ni se han planteado comer aquí fuera. Ellos se lo pierden.

Para cuando nos damos cuenta llevamos dos horas hablando y decidimos que ya es hora de movernos de allí ya que todavía no hemos pasado por las habitaciones a organizar nuestras cosas. Me acompaña hasta mi puerta y no quiero que se sienta obligado así que digo de forma desinteresada:

—Bueno, ha sido genial comer contigo, quizás coincidamos a la hora de la cena.

Realmente no le quiero obligar a nada, me parece que ya ha hecho la buena obra del día aguantándome hasta ahora.

—Sí, claro. Esto es lo suficientemente pequeño para que nos encontremos. De todas formas te guardaré un sitio, por si acaso.

No me lo puedo creer. Le hago un gesto con la mano y entro en la habitación. Me apoyo contra la puerta recién cerrada y no puedo evitar pensar qué he hecho para que me esté prestando tanta atención. Vale, soy la primera persona a la que ha conocido. Y hay que decir que comparando, la mayoría parecen bastante raritos. Aunque me ha parecido que una de las chicas era bastante mona… “Bueno, no quiero darle muchas vueltas, en realidad no es tan importante. En cuanto pasen estas semanas cada uno volverá a su casa y tendré suerte si nos volvemos a ver”.

Me da una pereza horrorosa deshacer la maleta así que saco mi portátil —en el fondo soy igual que el resto— y abro mi correo esperando descubrir que alguien ya me ha echado de menos. Como no podía ser de otra manera tengo un mail de May, mi mejor amiga, por no decir la única. El mail está lleno de preguntas y termina con un “Llámame”. Busco en mi bolsa el móvil, lo saco y veo que tengo más de diez llamadas perdidas de ella, está claro que lo suyo no es la paciencia.

Doy a llamar y antes de que suene el segundo toque una voz chillona sale del otro lado del teléfono.

—Ya te vale. No me digas que hasta ahora no has tenido tiempo de hablar con tu mejor amiga. Si es que unas cuantas horas lejos de aquí y ya te has olvidado de mí. Cuando vuelvas, vas…

—Ey, tranquila —la interrumpo—, realmente no he podido llamar antes. Además no te quejes, ni siquiera he hablado con mis padres, lo que significa que de momento sigues siendo la primera.

—¿De momento?

—Venga, no seas así.

Utilizo mi tono más conciliador con ella y parece que funciona ya que deja de mostrarse rencorosa y pasa a ser la cotilla de turno.

—Bueno, cuéntame ¿Qué tal? ¿Cómo es el sitio? ¿Hay muchos chicos guapos por ahí? ¿Compartes habitación con alguno?…

Es tan interminable su lista de preguntas que termino por resumir todo el día, intento no dar mucha importancia a David pero está claro que si algo tienen las buenas amigas es que te conocen y no se les escapa nada.

—Bueno, bueno, vamos a lo importante entonces. Y ese tal David ¿es guapo?

Resoplo. Siempre pensando en lo mismo.

—No creo que eso sea importante.

—¡Ajá, te pillé! —Una risita a través de la línea— no es guapo, es muy guapo ¿verdad?

Me resigno, está claro que es imposible ocultarle nada.

—Sí, es muy guapo, alto, inteligente, amable, simpático… y ya está. Es un amigo. Bueno, es pronto hasta para eso, de momento no es más que un compañero.

—Ya… —Me parece que no me cree. Oigo una voz lejana a través de la línea— Oye, te tengo que dejar, vienen a buscarme, vamos a ir a la playa a celebrar… no sé, algo. Bueno, qué más da, cualquier excusa es buena. Te dejo. ¡Sácale una foto y mándamela! Quiero ver cómo es, ¿vale? Llámame pronto.

Y cuelga.

May… ¿Sacarle una foto? ¡Está loca! Pero es mi amiga de toda la vida. Somos vecinas y sé que si no la tuviera a ella viviría totalmente recluida. No es que me cueste relacionarme, es simplemente que hasta ahora no me ha importado mucho. No soy muy popular y muchos me consideran un bicho raro, así que May es la única que hace que no me aísle de todo y de todos.

Un día fuera de casa y ya echo de menos estar allí. Aprovecho ese golpe de nostalgia para llamar a mis padres. No hay nadie en casa. No quiero llamar a sus móviles por si están ocupados así que decido volver a intentarlo más tarde.

Apago el ordenador decidida a deshacer la maleta y colocar mis cosas. Haciendo caso omiso a las recomendaciones del profesor Walsh dejo un montón de objetos a la vista, muchos libros, revistas, alguna foto, el ordenador, un neceser, algún bolso y foulard… “Lo siento, pero necesito sentirme como en casa”.

Cuando termino cojo mis cosas de aseo y salgo en busca de los baños para poder darme una ducha. Los encuentro al fondo del pasillo, en el lado opuesto de las escaleras. La puerta de los chicos es un ir y venir de gente mientras que el baño de las chicas parece desierto. Y así es, entro y compruebo que está totalmente vacío. Claro, siendo sólo tres chicas en el grupo qué más se puede esperar. “Será un milagro si alguna vez coincido con alguien”.

Miro alrededor y enumero varios lavabos, puertas que esconden inodoros y a la vuelta de estos, las duchas.

Me doy una larga ducha aprovechando la tranquilidad de estar sola y me arreglo frente al espejo sopesando qué hacer con mi pelo. Lo tengo tan largo que comienza a ser un verdadero estorbo pero sé que me arrepentiré si me lo corto. Finalmente me hago una coleta alta y negándome a perder más tiempo frente al espejo, regreso a mi habitación.

Mientras me cambio de ropa —elijo unos vaqueros y camiseta— comienza a oírse ruido de pasos por el pasillo e imagino que serán mis compañeros bajando para la cena. Al poco, el ruido se vuelve intermitente y cuando me dispongo a salir, oigo unos suaves golpes en la puerta. Abro y me quedo totalmente sorprendida al ver a David. Este me mira un instante a los ojos y acto seguido baja la mirada. ¿Me parece a mí o está un poco incómodo?

—Veras… —Duda y parece estar decidiendo qué decir— ya sé que habíamos quedado en vernos en el comedor, pero al pasar frente a tu puerta he pensado que podíamos bajar juntos, si te parece bien.

“May no se lo creerá cuando se lo cuente”. Aunque estoy un poco sorprendida, no voy a desperdiciar la ocasión.

—Sí, claro, ahora mismo iba a bajar.

Veo que mira por encima de mi hombro hacia el interior y por su expresión deduzco que él no ha “decorado” su cuarto. Siento la necesidad de justificarme.

—Tengo que sentirme como en casa, si no, no puedo dormir, así que digamos que en mi caso es necesario que la habitación esté así para poder cumplir con el encargo del profesor Walsh. No creo que le sirva de mucho si sufro insomnio.

—Sí, claro, me parece genial —añade mientras bajamos por las escaleras— pero tu rebeldía demuestra lo incapaz que soy yo de incumplir una orden.

—Oye, no seas tan crítico. —Seguro que su habitación sigue tan aséptica como cuando llegó—. Lo que pasa es que yo no tengo remedio.

Los platos de la cena resultan igual de apetecibles que los del mediodía. Nos surtimos bien de provisiones y nos sentamos en una mesa al fondo del comedor. Charlamos animadamente y aunque estoy muy a gusto nos retiramos pronto a nuestras habitaciones porque David ha oído algo sobre un toque de queda.

Una vez en la habitación me derrumbo sobre la cama y me doy cuenta de lo cansada que estoy. Me fijo en el escritorio y me llaman la atención varios papeles que sé, que yo no he dejado ahí. Me acerco a ellos con curiosidad y veo que son instrucciones.

-Despertador 7:00

-Redacción sueño 7:00 - 7:30. Utilizar las hojas adjuntas y entregar en sobre cerrado.

-Higiene 7:30- 8:00

-Desayuno 8:00 - 8:30

-Clases 8:30 - 10:30

-Descanso 10:30 - 11:00

-Clases 11:00 - 13:00

-Comida y descanso 13:00 - 15:00

-Clases 15:00 - 17:00

-Libre 17:00 - 20:30

-Cena 20:30

-Toque de queda 22:00

“Uff. Peor que una academia militar”. Aunque lo que más me mosquea en estos momentos es que hayan entrado en mi habitación para dejar las hojas. Eso significa que no tenemos ningún tipo de intimidad, es más, seguramente habrán revisado nuestras cosas y no dudo de que también habrán tomado nota de la “decoración” de mi habitación.

Decido que es mejor no darle vueltas a esto de momento y dado que estoy tan cansada no me lo pienso dos veces, me pongo un camisón y me tumbo en la cama dispuesta a “soñar con los angelitos”.

Me quedo dormida al momento. Pero no sueño con los angelitos. Sueño con David. Estamos en la academia y parece que llevamos varios días en el curso. Aunque es de noche, continuamos sentados en una de las mesas del patio y por la hora, nos hemos saltado el toque de queda. Un chico nos saluda y se acerca sonriendo. Se sienta con nosotros y hacemos bromas sobre una de las clases de la mañana. Algo me dice que los tres somos buenos amigos…


CAPÍTULO 3