Vuélveme a querer

La Bonita

Vuélveme a querer

Es de noche y me encuentro aquí, sentada en este enorme comedor, contemplando mi vida pasar. Gentes por todos lados, personas a mi mando, atentos de mis necesidades, en esta enorme y fría casa…y él, aquí sentado frente a mi observándome, sintiéndose imponente por que estoy con el… al fin gano. Miro a mi alrededor queriendo encontrar caras conocidas, pero solo veo extraños… ¿donde esta el amor? ¿acaso no existe? Esas preguntas que redundaban mi mente en cada momento, si algún día vería el sol nacer entre esta gran penumbra… tendría la oportunidad de volver a amar, con tantas fuerzas que acabaría con mi propia vida y aun así terminar feliz… pero seguía aquí, atrapada entre estas enormes paredes de falsedad, de mentiras, de engaños. Seguía pensado, escapaba de aquel sitio en mi mente, olvidaba que existía ahí… hasta que le escuche decir:
- Deberías comer…- me dijo muy tranquilo mientras seguía probando bocado. Asombrada subí la mirada a donde el, y si, ahí estaba contemplando dulcemente. Sin duda era cambiante. Baje la mirada y entre labios musite:
- No tengo hambre… -era la primera vez que le escuchaba tranquilo, pero obviamente el era el mismo. Deje los cubiertos en el plato y volví a verle, solo que esta vez estaba serio, me hizo quitar la mirada. Me levanté súbitamente y en cuanto decidí retirarme pregunto:
- ¿A donde vas?- dejando de comer y mirándome fijamente.
- Te eh dicho… que no quiero comer - le respondí algo asustada, mientras me alejaba de la mesa. El se levantó, se dirigió hacia mí, me tomo del brazo, se puso delante de mi y dijo:
- ¡Eres mi esposa! aunque no quieras deberás acompañarme aquí, no estas para llevarme la contraria, así que haz lo que yo diga y punto… - su fuerte voz se escucho en todo el salón, incluso la servidumbre aun en la cocina escucharon. No dije nada más, trate de que me soltara, pero era mas fuerte que yo y sinceramente no quería mas problemas. Volví con el a mi asiento, probé bocado y seguí como si nada pasara. De pronto, entro a el gran comedor el señor Juan, capataz de la Hacienda, llego hasta donde estaba él y haciendo un gesto de respeto le dijo:
- ¡Buenas noches patrón! Disculpe la hora pero…- el señor se veía algo nervioso mientras que Carlos le interrumpía diciendo
- ¿Ahora que sucede? - con una mirada frustrante y dejando nuevamente de comer se levantó.
- Lo que sucede, Señor, es que hemos encontrado unas vacas muertas en las afuera de la hacienda, por donde pasa el rio y… señor… tienen su marca - le respondió sabiendo muy bien que eso era grave para el
- ¡Como es posible Juan! -suspiró frustrado- ¿es que aquí nadie puede hacer bien las cosas? - ya enojado empujo la silla cercana a el, tomo su sombrero y se fue junto con el capataz. Lo vi salir de el lugar como alma que lleva satanás, mire nuevamente a mi alrededor, volví a mi mente, esta vez me sentía mas tranquila, en paz… respire profundo. Se acerco a mi la nana Sofía y me abrazo, me solté a llorar, ella entendía  que de verdad era difícil tratarlo, cada vez me era imposible enamorarme de el como decían, que no era mi lugar, que no estaba dispuesta a soportar… sentía culpa.

Domingo 9 de diciembre. Caminaba por las calles con algo mas que un corazón roto, tratando de no dejarme caer, ni dejar salir mis lagrimas. Llevaba conmigo dudas en mi mente, mientras repetía una y mil veces las frases que él, al darse cuenta de su error, me dijo ¨no me interesas más, deberías olvidarte de mi. aléjate y déjame vivir…¨ Al son de fuegos artificiales y ruido de cascos, se alzaba una pequeña cabalgata en el pueblo, habían pequeños puestos de artesanías, de comida, exhibiciones de arte y más; seque mis ojos y seguí adelante, sabia que no era el lugar ni el momento para romperme en pedazos, por el contrario debía mantenerme fuerte y decidida a no dejarme caer nuevamente. Avance un poco, el precioso pueblo dejaba ver sus encantos folclóricos, se escuchaba el andar y las risas de la gente, las promociones de los artesanos al vender y la música de aquí y haya me hizo sentirme tranquila y para ser sincera este momento era perfecto para olvidarme de todo. Seguí caminando veía pequeños puestos de manualidades y me detuve a ver una señora que tallaba unas hermosas imágenes en unas piedras, curiosamente dije: - Buenas tardes señora ¿Que es esto?.- pregunte con afán mientras sostenía en mis manos una pequeña figura de un ave. - Buenas tardes niña, esto es piedra de jabón, es fácil de tallar y duradera.- me respondió mientras levantaba una de aquellas piezas. - Son muy lindas… ¿cuanto cuestan?.- pregunté otra vez, buscando mi dinero en la bolsa. - Solo un balboa niña.- sonriente me respondió. - Oh bueno me llevaré esta…- justo cuando iba a elegir una, una mano toco la mía, levante la mirada a ver quien era y… no podía ser. - Hola…- le escuche decir mientras veía perpleja como tomando mi otra mano la besaba tiernamente. Solté la figura y me dispuse a caminar lejos, graciosamente me siguió y poniéndose enfrente mío, vi después de tanto tiempo esa sonrisa que odio; y decirme: - ¿Es que no me quieres hablar?.- pregunto pretencioso al acercarse. - Ah. Buenas tardes…- le respondí secamente, no tenia la mínima intención de entablar una conversación con el. - ¡No, así no se saluda cariño!.- me abrazo fuertemente y sin darme cuenta me dio un beso en la mejilla. Tomo con sus manos mi rostro, lo levanto un poco y me miro, con esos ojos color miel, con ese brillo de alegría, ese atardecer en su mirada, pero que en mi no encontraría. Observando se dio cuenta que en los míos faltaba luz, faltaba brillo y solo veía unas ganas inmensas de llorar; separándome un poco de el, preguntó: -¿que sucede?… -nada, fue un gusto verte…- derramando una pequeña lagrima que recorrió mis rosadas mejillas. Me di vuelta eh intenté alejarme, cuando él me tomo del brazo para no dejarme ir, volviéndome con el, intente nuevamente alejarme de el y fue ahí cuando se acerco, en su rostro se podía ver el deseo de saber que pasaba, de protegerme, de calmar aquello que en mis ojos se quería desbordar. Me solté nuevamente y le dije: -esto… esto no esta bien.- dije intentado no responderle lo obvio. -¿que no esta bien?, el hecho de que estés con ese tonto no me impide cuidarte…-dijo -no, no es eso. sabes que puedo cuidarme sola, ya no soy una niña. Además el no es tonto… -valla, si que lo defiendes… incluso cuando no tiene la razón. ¿por que no me dices la verdad?.- me dijo volviendo a tomar mi mano.- Eres frágil… aun puedo ver que te pones nerviosa… -no estoy nerviosa… ah no tengo por que darte explicaciones…- le respondí tratando de no verme mas obvia en realidad. -si tu lo dices así.- vi como su mirada brillaba, sintiendo superioridad en frente mío. Me solté de la mano dejándolo solo, me fui tan rápido como pude y entre la gente del lugar me perdí. no se que pensaba, pero no quería demostrar que aun el tiene autoridad sobre mi, aunque no se me quita la idea de la mente que él aun siente algo… mas que una amistad. seguía avanzando y volví donde estaba la señora de las piezas de piedra; sí, todavía pensaba comprarlas cuando de pronto se me acerca un joven dándome un papel. No dijo más y se fue, abrí el papel y escrito en el está esta frase: “estas muy linda hoy. Por favor veme en la salida de la feria…” sentí que no debía ir, sabia quien era y hacerlo me rebajaría más. así que bote la nota y olvide que me la habían dado, seguí caminado por el lugar, entre los puestos mientras veía hermosas piezas de madera, plantas, artesanías, bisuterías y más. Debía permanecer fuerte ante mis decisiones, pero algo dentro de mi me hacia pensar, si era correcto dejar todo atrás y seguir o ir a verlo y arreglar las cosas. Mire a mi alrededor, seguí caminando hasta sentir la necesidad de salir del sitio, era agobiante, me sentía muy mal y ya deseaba volver a casa. Acercándome a la salida lo vi a el esperándome, David estaba ahí y no tenia intenciones de verlo, me di vuelta y justo ahí fue cuando se dio cuenta de mi presencia. - ¡Gabriela… espera! - escuche decir entre la multitud y el bullicio del lugar. Intente volver a perderme entre la gente, pero el fue mas rápido y de un brinco estaba conmigo, intentando hablarme y detenerme, yo solo esquivaba su cara hasta que con su mano agarro mi brazo y con fuerza me apreso. Lo mire y el vio como una lagrima bajaba de mis ojos - ¿Que quieres, David?- le dije con enojo - Lo que viste no es lo que parece, sabes que te quiero mucho y… - No, David, no sabes.. tal vez deberíamos darnos un tiempo, quizás tú - No Gaby, yo te quiero mucho y debemos estar juntos y… Me soltó el brazo para tomarme las manos, y mirarme de frente, en sus ojos se veía algo de tristeza y arrepentimiento. No sabia que creerle, porque no era la primera vez que me pasaba, es decir, la primera decepción amorosa de mi vida al aceptar que me había equivocado. Cuando comienzo a creerle, nos interrumpe Carlos diciendo: - ¡Valla, hasta que te veo la cara! - se le notaba el enojo es su rostro al mirarnos. - Mira Carlos…- le contesto señalándole al rostro - Señor Montalbán, para ti… - le aclaró mientras me tomaba de la mano y me alejaba de el.- ¡deberías de estar, no se, lejos de aquí ¿no crees?! - Tú, no deberías meterte en nuestras vidas.- respondió enojado acercándose mas a Carlos. - ¿Y quien eres tú para decirme lo que debo hacer?.- le contestó poniéndome detrás de el y avanzando demostrando poderío. - El… novio.- respondió David ahí con firmeza. - ¿Novio?.- Carlos me miro seriamente - No somos nada David, ya te dije…- respondí enojada - No me digas que verlo te hizo cambiar de opinión, Gabriela.- dirigiéndose a mi en todo de burla.- Tan poco te duro el amor. - ¡Repite eso imbécil! - trato de agredirlo pero yo me interpuse entre los dos evitando que David le respondiera de igual manera. - ¡Date cuenta! Carlos, ella me quiere a mi, ya no te pertenece…- reafirmando su poder sobre mi. - Mira David, no sabes nada para mantenerla lejos de mi… te falta mucho para ganártela. Además, puedo obtener lo que quiera… cuando quiera… Una sonrisa de burla se dibujo en el rostro de Carlos, y algo de tranquilidad al momento de alejarse de mi. David por su parte solo me miro extrañado por el comentario, de verdad que incomodo, aparte me asustaba la idea de estar en medio de estos dos nuevamente. Entendí en ese momento que el seguía siendo igual y que ni adulto cambio su arrogancia, por el contrario creció mas su ego. Sentí pena porque lo imagine diferente, mas amable, mas humano… Seguí mi camino, le pedí a David que me dejara sola, necesitaba pensar y aclarar mi mente, tratar con Carlos nuevamente y lo que descubrí de David me dejaron agotada emocionalmente. Saliendo de aquel lugar, vi a los guardias de la familia Montalbán acercarse a la entrada, se quedaron viendo, extrañamente miraron alrededor. De la nada una camioneta gris se estaciono justo frente a mi, creí en ese momento que me iban a atropellar, pero no; de pronto salió Carlos me tomo del brazo y me llevo al auto mientras los guardias no dejaban ver nada, me asuste y solo forcejee sin lograr nada, se detuvo justo en la puerta y volteo para decirme que no dijera nada mas y que por las buenas subiera al auto. Me asuste e hice lo que me dijo, me imagine a lo que quizás era capaz pero muy en el fondo sabia que no me haría daño. Paralizada por el momento comenzó a pensar ¿quien era yo? ¿acaso alguien le importaría si me pasara algo? De el susto no me podía responder, solo guarde silencio mientras él entraba en el auto y arrancaba; y así nos alejábamos solos del lugar. Ya en camino mas lejos de el lugar de donde me saco; el no mediaba palabra, simplemente tenia un gesto de seriedad y enojo en su cara, lo único que hacia aparte de conducir era voltear a verme. No entendía que pasaba por su mente en ese momento, quizás se había vuelto loco. Trate de decirle a donde nos dirigíamos pero no me respondía absolutamente nada. Pasando entre poblados salimos a la ciudad, entramos a la carretera principal y comenzó el recorrer de pueblos tras pueblo, uno que otro conocido para mi hasta que entramos en una carretera que se me hacia conocida, lo voltee a ver y pregunte: - Carlos ¿a donde vamos?.- El simplemente no quería responder, así que le insistí la pregunta: - ¿a donde vamos?.- Intente detenerlo, forcejeando contra el volante para evitar que avanzara mas, pero solo logre que se enojara más. Al mirarme por el acto que hacia y lo peligroso de la situación vio mi miedo y justo ahí freno en seco… En aquella carretera parecía no pasar nadie, o era el momento justo para tal maniobra, ya frenado el auto de entre sus labios escuche decir: - ¿Aún me quieres?.- pregunto él con la mirada baja y las manos al volante. - ¿Que?.- respondí mirándolo confundida. Volteo a verme, sus ojos me mostraban a gritos que le contestara que sí. Me sentí muy confundida, extraña de la situación. Primero el se pelea delante de mi, luego me obliga a venir a un sitio que no conozco y ahora me pregunta que “¿si lo quiero?”… - Carlos que pasa, no comprendo lo que esta pasando, que quieres de mi, yo… - Responde…- dijo volviendo la mirada al frente. - Si, como se quiere un amigo… pero - Amigo… Dejo de hablar, coloco sus manos en el volante y puso en marcha el auto, sonrió y siguió el camino diciendo: - Somos amigos desde que tengo memoria, hasta que saliste de la hacienda sin decirme a donde ibas. Ahora te encuentro nuevamente y no solo me hablas como a un desconocido, si no que encuentro que hay alguien que te hace sufrir y tu no lo ves así… - termino riendo sarcásticamente - No comprendo a que viene todo esto Carlos.- respondí  - Si lo se, siempre estabas distraída de todo. - Odio eso de ti… - Tu odias todo de mi, Gabriela. - No, tu eres un caprichoso, desde siempre… - Pero aun así me quieres como amigo.- fue ahí cuando me miro sonriente y esa misma alegría brillaba en sus ojos. Solo baje la mirada, la carretera era estrecha, el paisaje de alrededor mostraba un verde natural y lejos podía ver las laderas y montañas; la incomodidad del momento era grande, pero aun así no dejaba de admirar lo bello de la naturaleza que nos rodeaba. Inconscientemente de lo que pasaba por las mente de Carlos, comencé a sentir la mano de él tocando la mía. Cerré los ojos mientras el acariciaba mi mano tratando de que voltease a ver. Abrí los ojos, quite mi mano y solo guarde silencio. Él acelero más el auto, así mantuvo el recorrido hasta que llegamos a un pueblito, se detuvo en un mercadillo y se bajo, compró agua. Al darme la botella me pregunto que si quería algo de comer, no sabia que responderle, así que solo le pidió a la señora que atendía, que le diera unas cuantas mandarinas. La acción me hizo entender que aun recordaba lo que me gustaba. Me dio la fruta, pago y se subió al auto. Seguimos avanzando, ya mas lento el recorrido entre llanuras dejando ver el correr de la brisa, el volteo a ver y solo me dijo: “Haras de Cerro Punta” - Espera…¿que? - Es a donde vamos.- respondió afirmando con la cabeza - ¿La cabaña de tu abuelo?.- pregunte curiosamente. - Valla aun recuerdas…- sonrió diciendo - No, Carlos yo no quiero ir.- trate de verme enojada - Yo no te eh preguntado si quieres ir. - Pero… - Solo iremos a revisar unas cosas y quiero que me acompañes. ¿hay algún problema? - Mmm no. Resople y mire nuevamente por la ventana, definitivamente haya nos dirigíamos y que podía hacer, me resigne a pasar la tarde con el y su insoportable carácter. A 5 minutos de andar en carretera giro a otra vía empedrada, empezó el trayecto un poco movido, desde la ventana comencé a ver los pinos altos y sus ligeras hojas mecerse en el viento. Se podía observar como las nubes mas bajas se entrelazaban con las montañas mas altas, el frío del viento al abrir la ventada despeino un poco mi cabello mientas veía como las hierbas altas y secas se mecían con la brisa. Mire a Carlos y en el solo había una sonrisa sincera y tierna mientas seguía conduciendo el vehículo, se notaba feliz de que lo acompañara. - ¿recuerdas cuando mi abuelo te trajo aquí conmigo?.- dijo mientras me miraba. - Si, siempre me gusto este lugar…- le devolví el gesto - A mi también. - ¿La cabaña sigue siendo igual?.- le dije para seguir la platica - Conserva todo como a mi abuelo le gustaba. - Y ¿Desde entonces has venido? - No - ¿por que? No quiso responder, su silencio solo me hizo entender que no había vuelto hace mucho tiempo. No le pregunte mas y guarde silencio. Pronto comencé a ver los portones de entrada a los terrenos de la cabaña y el nombre ahí, tallado rústicamente en madera “Brisa Montalbán”, el detuvo el auto para esperar a que abrieran. Un halo de recuerdos llegaron a mi mente, el momento justo cuando riendo, entraba corriendo con Carlos, de como el abuelo quien nunca sonreía solo nos seguía de lejos para no perdernos de vista; fue como un rayo de luz en mi mente. Mi rostro dibujo una sonrisa. Nuevamente sentí la mano de él en la mía, esta vez si voltee a verlo y estaba tan cerca que me fue imposible detenerlo. Calor y humedad, sentí como sus labios tocaron los míos, rozando con delicadez, dejando humedad en mi. Yo aun con los ojos abiertos por la impresión vi como el me soltaba y quitando el rostro volvió a su postura, puso en marcha el auto y avanzo. Quede ahí impresionada de lo que había hecho, baje la mirada, cerré los ojos, me mordí los labios y voltee al frente; ahí vi la cabaña. Esperando en la entrada del lugar estaban algunos trabajadores, estaciono el auto frente al lugar mientras se acercaba un señor dándole la bienvenida a él. Se bajo del auto, le tendió la mano y lo saludo: - ¡Buenas tardes Cheo! - ¡Buenas tardes joven Carlos! ¿como le va? ¿que lo trae de vuelta por sus tierras?.- respondió alegremente - Pues súper bien, eh traído de paseo a mi novia…- dijo señalando al auto. - ¡Que gusto joven! Todo esta como usted le gusta. Ya teníamos lista las habitaciones… - Si gracias Cheo, baja las maletas de el auto y ponlas en la habitación principal. - Si joven, como usted ordene. Yo aun seguía en el auto no había escuchado nada claramente, el se dirigió a mi para ayudarme a bajar, lo mire extrañada de lo que estaba pasando. El solo abrió la puerta, me ayudo a bajar y la cerro, me tomo de la mano y ahí vi como una señora de cabello negro desteñido se nos acerco contenta y abrazo fuertemente a Carlos mientas le decía: - Joven Carlos ¡que gusto verlo por aquí! Pase ¡Dios mío! Cuanto ah cambiado ¡cada día mas guapo mi niño! - Gracias Gollita.-la abrazo sonriéndole. - Espera…y esta niña linda ¿quien es?- pregunto mirándome con ternura mientras soltaba a Carlos para verme mejor. - Ella… es mi novia, Gollita.- dijo mientras entrelazaba su mano con la mía. Fue ahí donde lo mire seriamente y cuando intente reclamarle, la señora corrió a abrazarme - ¡Santo Dios! ¡Bienvenida niña! ¡que gusto conocerla! Tan linda la joven.- tocando mis mejillas y el cabello, le parecía que fuese para ella tan tierna como una bebe. - yo… ah gracias…- estaba verdaderamente abrumada que no sabia que responder - Cariño ella es Gloria Méndez, esta encargada de todos los empleados de la cabaña.- me dijo como para evitar que le reclamara en ese momento. - De cariño me puedes decir Gollita, niña.- mirándome sonriente mientras me tomaba de las manos. - Un gusto conocerla Gollita, mi nombre es… - Gabriela García, señorita Gabriela García.- me interrumpió mirándome seriamente.- Gollita, podrías prepararnos algo de comer y llevarlo a la terraza del jardín. Iremos a cambiarnos. - ¡Por supuesto mi niño! bienvenida señorita Gabriela. Estoy a sus ordenes patrones. - Ah Gracias… - Gracias Gollita.- dijo Carlos mientras me tomaba de la mano para dirigirme con el a las habitaciones. Al entrar en el lugar me impresiono como todo estaba en su sitio, las mesas con detalles antiguos, uno que otro florero con rosas, el cuadro donde estaba pintado el señor Montalbán. La pequeña terraza techada con sus muebles de mimbre conservados, las fotos de nosotros cuando niños; todo seguía igual y eso me llevo al pasado donde vivimos muchas aventuras de pequeños, hermosos momentos, pero apocados por el presente. Al caminar en dirección a las habitaciones de la cabaña, subimos por las antiguas escaleras de madera que parecía que el tiempo no pasaba en ellas, estaban completamente intactas como si estuviéramos 10 años atrás. Recordé lo que había pasado y me solté de el, no quise avanzar y le pregunte: - ¿por que has dicho eso?.- le dije mientras bajaba la mirada - Decir ¿que cosa?.- respondió mientras se daba vuelta para verme. - Que soy tu novia… - ¿No te agrada la idea?.- me dijo mientras sonreía y se acercaba a mi. - No, Carlos ¿por que me has traído aquí?.- le reclame enojada. - Tranquila cariño, no te enojes. Sabes que es una broma para los empleados… como antes ¿recuerdas? -me respondió graciosamente al ver mi expresión, mientras intentaba tocar mi rostro. - Esa señora es nueva trabajando aquí, no creo que le agrade la idea de que tu le juegues bromas como si tuviésemos ocho años.- le dije volviéndole la espalda. El sin decirme nada solo se acerco más y me comenzó a tocar los brazo, me aleje mas hasta volver a verlo de frente.- Crees que esto es un juego ¿verdad? ¿Que puedes traerme aquí, solo por que quieres? sigues siendo igual que de niño Carlos. - Tu nunca fuiste un juego para mi y si estas aquí es por que quisiste venir… - ¡Yo no quería venir Carlos!.- le respondí mas enojada aún - Entonces ¿por que estas aquí Gabriela?.- dijo viéndome mientras se mordía los labios para evitar reírse No sabia que decirle, el jugaba conmigo y al parecer disfrutaba verme enojada, así que trate estar quieta y quedarme callada. Se acerco a mi para abrazarme - No sabes cuanto te extrañe…- su voz al decir esa frase, parecía estar necesitado de algo de cariño y sentí su corazón palpitar. - Yo… también te extrañe…- le susurre tiernamente De pronto sentí como sus manos pasaban lentamente por mi espalda y separándome poco a poco llegaron a mi rostro, el levanto poco a poco mi cara y vi como sus ojos miraban mis labios mientras los de el los humedecía un poco, mordió sus labios dejando ver el deseo de volver a besarme, pero me aleje; no podía dejar que lo hiciera otra vez, era muy imprudente de su parte hacerlo y dejarme le daría poder sobre mi. - Lo quieres… ¿verdad?.- pregunto justo después de que me alejara de el - ¿A que te refieres?.- sabia a que se refería y me comencé a sentir nerviosa - No me hagas repetir la pregunta… - No. - Entonces ¿por que me esquivas de esa manera?.- me pregunto algo enojado - Carlos apenas te eh vuelto a ver, esto es extraño para mi. Yo, solo soy tu amiga… y - ¡Amiga!… valla… esto.- dijo mientras me tomaba de la mano.- No debe ser extraño para ti, yo…- interrumpió la frase en seco, hasta me inquieto su gesto y ver el cambio repentino de lo que parecía amoroso a algo incomodo para el.- Olvídalo… Deberías de irte a cambiar. En la habitación principal estará una maleta crema, te traje ropa limpia, vístete… te esperare en la terraza. - Espera… ¿Carlos no pretendes que nos quedemos aquí?.- lo mire al escuchar la orden e intente acercarme para que me explicara. - Ve y haz lo que dije.- solo me indico la habitación y bajo las escaleras sin decir nada mas. Y me quede ahí, sola viendo como el se iba lejos, estando en el pasillo junto a las escaleras, me quede pensando ¿Que fue lo que paso? ¿Por que Carlos cambio repentinamente? Nada me hacia sentir cómoda, ni siquiera el hecho de que estaba en mi lugar favorito. Todo estaba bastante extraño, el hecho de que el dijera que era la novia y saber que eso no era verdad, la acción al intentar besarme nuevamente y la respuesta cuando no lo deje, me lleno la cabeza de ideas. Me fui a la habitación principal, entre y vi la cama tendida con sabanas blancas y las cortinas de la cama abiertas, entraba luz por la puerta que daba al balcón. Cerré la puerta con llave y voltee a ver las maletas, naturalmente ahí estaban, dos maletas medianas, una de color negro y otra de color crema como el había dicho. Abrí la maleta y vi obviamente mudas de ropa, entre ellas un vestido blanco, sandalias, peines y uno que otro articulo de aseo. Me impresiono saber que había suficiente ropa para varios días y que estaban recién compradas. Lo que me hizo pensar que esto ya lo había planeado y que no fue casualidad que me encontrara con él en la feria. Tome la otra maleta y la abrí, en ella encontré ropa de hombre y confirmando mi sospecha, sí eran de él, igual que la otra, suficiente para varios días; ¿que planeaba?, me senté en la cama, me puse las manos en la cara y comencé a asustarme, cuando de pronto escuche que alguien tocaba la puerta, me lleve las manos a la boca y pensé aterrada si era Carlos… - Señorita Gabriela ¿esta ahí?.- escuche a la señora Gollita preguntar detrás de la puerta - Ah… si.- respondí viendo a todos lados - ¿Esta todo bien, señorita?.- me pregunto nuevamente - Ah si… es que… bueno, espera.- le dije mientras me levantaba a abrir la puerta.- Pasa, ah estaba por cambiarme de ropa… - Si, el señor Carlos me dijo que le preguntara si necesitaba ayuda.- me decía mientras tomaba las maletas para ordenar la ropa en los cajones. - Ah Gollita espera, yo te ayudo.- me dirigí a ella para ayudarla pero se detuvo. - No niña, yo puedo sola, a ver ¿que te vas a poner?.- me pregunto mientras sacaba la ropa de la maleta. - Ah… no se.- dije mientras tomaba uno de los vestidos. - Como no vas a saber tesoro, si es tu ropa. A ver este vestido esta lindo, o ¿prefieres este pantalón y esta blusa? ¿sandalias o zapatillas? También están las botas que compro el joven para usted hace unos días, las trajo junto a unas cuantas cosas que están en el baño… y…- dijo ella mientras tomaba la ropa y la colocaba en la cama. - Espera… ¿como que trajo otras cosas?.- pregunte cruzando mis brazos en señal de enojo - Si niña, el joven trajo muchas cosas, por que van a pasar una temporada aquí en la cabaña. Al escuchar eso de la boca de Gloria, deje el vestido en la cama y salí de la habitación. Pase rápidamente el pasillo y baje las escaleras, mire ambos lados buscando en donde lo veía y justo cuando él pasó de la terraza a las afueras que daban al jardín, lo seguí. Camine rápido hasta llegar a el y llamarlo - ¡Carlos!.- grite No hizo caso y siguió caminando. Volví a llamarlo. - ¡Carlos! me puedes explicar… ¿como es eso de que nos vamos a quedar aquí?.- le decía mientras lo detenía tomándolo del brazo - ¿Quien te dijo eso?.- me pregunto - ¡No te atrevas a mentirme!.- le respondí seriamente y demostrando que no le tenia miedo, pero tomándome de los brazos me dijo - Esta bien… mira amor, deberías de cambiarte, darte un baño y cuando estés mas calmada, vienes aquí. Yo te espero y de paso te explico que esta pasando.- en tono dulce y paciente como si nada le afectara. - No trates de manipularme como siempre…- le dije soltándome y poniéndome frente a el - No trato de manipularte, solo quiero que estés mas tranquila. ve y hazlo, créeme te sentirás mas cómoda. ¡Estas en tu casa!.- me volvió a responder, tomando mis manos y dándome un beso en la frente. Me dejo ahí, de pie junto a la escalerilla de la terraza que daba al jardín, él se fue y se sentó en una hamaca y fingió que ni siquiera le había hablado. Por otra parte resople algo enojada, pero sabia que con el no conseguiría nada si me ponía a pelear, sabia que tampoco me diría nada y quizás no estaba dispuesta a verlo enojado. Así que me fui a la habitación principal, encontré a Gollita y otra chica arreglando la habitación - ¿Se puede?.- pregunte algo apenada. - Claro niña, mire ella es Julia.- Gollita me presento a la chica, la cual vestía diferente. Tenia puesto un vestido gris y un delantal en blanco con unos bonitos bordados en el pecho. - Ah hola…- le sonreí mientras entraba en la habitación - Julia, ella es la novia del patrón, estarán aquí un tiempo. Estarás a ordenes de ella y debes ayudarla en lo que necesite.- le dijo a la chica mientras le daba la ropa doblada - Ah Gollita disculpa, pero no creo que la necesite.- dije al no entender por que tendría a alguien a mi mando - Son ordenes del joven Carlos, además no siempre estará aquí con usted, ella solo la ayudara cuando usted lo pida.- me respondió sonriente - Mmm esta bien… gracias Julia, Gollita me daré un baño. Te agradezco que hayas ordenado todo. - No se preocupe joven ¡vamos Julia! la cena estará lista a las 7:00 pm. Con su permiso señorita y bienvenida nuevamente.- me dijo sonriendo mientras salían de la habitación. Cerré la puerta con seguro y me quede observando todo, pensando que podía hacer o a que se debía tanta amabilidad, si solo era una simple chica. Tome un pantalón largo en color blanco y una blusa gris que tenia mangas largas, unos zapatitos cremas. Busque en los cajones si había ropa interior y por supuesto, hasta en eso había pensado Carlos; Tome un par. Me moví hacia el baño y abrí la puerta, al entrar vi un espejo grande, una mesita con botellitas y cajitas que contenían como jabones y otras cosas; a mi derecha estaba el inodoro junto al lavamanos, en el había otro espejo que iba de extremo a extremo del lavamanos. A la izquierda estaba lo que parecía la ducha, pero algo llamo mi atención, era un olor dulce como de rosas y miel, seguí el olor más allá de la ducha había una pequeña entrada que daba a una gran tina. En ella había pétalos de rosas, burbujas; cerca de la tina habían unas velas encendidas, cerca había una ventanilla donde se observaba otro de los jardines de la cabaña y debajo  de aquella ventana estaba una mesita vacía. Me dispuse a aprovechar la tina, coloque mis cosas en la mesita, me desvestí y entre en la tina, por cierto, el agua estaba tibia; me ate el cabello, tome una esponja y comencé a empapar mi cuerpo. Pensé en lo que Carlos me había dicho, en como las personas en ese lugar me trataron y lo extraño que se sentía tanta amabilidad. Seguía pasando la esponja en mi piel hasta que llego algo a mi mente que me hizo sentir intranquila… ¡mi madre no sabia donde estaba! no sabia que estaba tan lejos, ni con quien me había ido. Termino mi relajación, tome la toalla y me seque rápidamente, tome la ropa y me vestí. Salí del baño, y comencé a buscar mi bolso en la habitación, pero no estaba en ningún sitio. Me dio por buscar en el closet y lo encontré, pero mi teléfono móvil no estaba. Me desespere y salí. Rápidamente pase el pasillo y baje las escaleras, mire a todos lados buscando y al no encontrar a nadie me fui a la cocina, vi a un par de chicas y junto a ellas estaba la señora Gollita y le pregunte si lo había visto, ella solo respondió - No joven, solo puse su bolso en el closet. - Dios, debo llamar a mi madre…- dije asustada mientras ponía mis manos en la mesa - Si quiere le llamo desde aquí o le puedo decir al patrón para que le haga la llamada.-respondió Julia mientras entraba por la puerta, al verme preocupada. - ¡No! … ah … yo le diré. Gracias Julia. Y salí de la cocina, corrí a donde estaba Carlos, pero no estaba. Mire a todos lados y no lo veía por ningún lado. Ya estaba cayendo la noche y cada vez me preocupaba más, ¿Carlos donde estas? Volví a la sala de la cabaña y busque un teléfono. Me dispuse a llamar a mi madre, sentada en el sofá y justo cuando iba a marcar llego Carlos - ¡Hasta que vuelves amor! ¿disfrutaste tu baño?.- se dirigió a mi sonriéndome, mientras se sentaba junto a mi. - ¡No Carlos! ¡mi mamá! Ella no sabe que estoy aquí y no encuentro mi celular… ¡debe estar preocupada! Y …- mientras marcaba, Carlos tomo mi mano y colgó el teléfono - Cariño ya llame a tu madre y le explique que estabas conmigo. Le dije que vas a pasar un tiempo conmigo.- me decía mientras sacaba de su bolsillo el teléfono móvil - ¿Que hiciste que? Pero que dijo, espera no te creo nada.- le dije tratando de quitarle el teléfono a él de las manos. - Dijo que estaba bien, que si era conmigo no tenia que preocuparse.- el alzaba el teléfono evitando que yo lo tomara mientras reía al verme lo desesperada que estaba. - ¡Dame mi teléfono Carlos! Esto no es divertido… Interrumpió abrazándome fuertemente y dándome besos por toda la cara, mientras yo trataba de soltarme. Siguió así hasta que sus labios rozaron con los míos y mirándole vi nuevamente brillar sus ojos; se detuvo ahí. Intento nuevamente besarme, pero no lo deje. Esta vez le pedí, mirándolo a los ojos que me soltara, de favor - Esta bien.- soltándome y alejándose un poco, bajo la mirada. - Sabes muy bien que… El sonido de mi teléfono móvil, interrumpido mi explicación a ese incomodo momento. Carlos lo había puesto en la mesita del sofá, justo cuando iba a tomarlo, en el se vio reflejado un numero que no esperaba; David me estaba llamando. Fue ahí cuando Carlos lo tomo y reviso el numero - Valla ¡te esta llamando!.- decía mientras me señalaba la pantalla Cerró la llamada, se levanto, se volteo y repentinamente ¡lanzo el teléfono contra el piso! Vi como el artefacto se despedazó y partes de el cayeron lejos de donde estábamos. Al contemplar dicha imagen, el se volteó y en él vi una cara de tremendo odio y furia; creí que por un instante, que arremetería contra mi, no me imagine que reaccionaria así y le pregunté con temor: - ¿Por qué Carlos? Que no ves que David… Interrumpió mi reclamo diciendo - ¿Acaso es importante para ti?.- comento mientras se movía por el lugar, disgustado y esperando que sinceramente le provocara para discutir.- ¿que no ves lo que te ha hecho? eres tan ingenua que le creerás lo que te diga para que le perdones; él, ¡entiende bien! ¡No merece tu perdón, no merece nada! - ¡Tu no sabes nada! Carlos, nada …- de mí salió una lagrima de dolor, era verdad lo que el decía pero escucharlo de él me lastimo el orgullo, y fue eso lo que le hizo explotar; y diciendo - ¡Es eso!.- me señalo.- ¡Eso lo que odio de ti!.- ahí se le quebró la voz, pero parecía que luchara con el mismo en tratar de que no me diese cuenta que le molestaba hasta contener las lagrimas.- ¡Ves en él lo maravilloso, lo bueno y crees que el de verdad te quiere. ¡Mírale! te ha engañado muchas veces y que haces tú ¡esperas que cambie! Le vi tremendamente enojado, me dio mucho miedo de que hiciera algo de lo cual se podía arrepentir. Estaba sola con él, lejos de todos y sinceramente el chico que conocía no era el mismo que estaba frente a mi. Me tomo de los brazos y viéndome a los ojos, me di cuenta de algo que jamás había visto. Un hilo de brillo en sus ojos, que enojados cambiaron a café, que saltaba entre aquellos por la humedad de su sentimiento. Me sentí mal porque parecía dolerle como defendía alguien que me hacia daño en lugar de darle la razón. Trate de que me soltara nuevamente y entre más lo hacia más apretaba hasta el punto de que me dolió. - suéltame, Carlos. ¡Me lastimas!.- le dije Algo en el lo hizo reaccionar, verme los ojos lloroso le hizo que me soltara. Temí, me aleje de el y fue ahí donde escuche decir entre labios - Te.. amo…- se volteo y respiro profundo y se fue alejando rápidamente de donde estaba. - Carlos …- con eso, ya no le tenia en frente y solo escuche un portazo. Me desprendí y de golpe caí al sofá, mis lagrimas salieron como si no pudiese pararlas. Tenia la mente llena de dudas y ahora haber escuchado eso me hacia sentirme confundida. Me lleve las manos al rostro, las lagrimas no paraban y pronto la cabeza empezó a doler. La señora Gollita y Julia se acercaron rápidamente a ayudarme, ambas me abrazaron y entre mis sollozos la escuche decir - Mi niña, ¡tranquila!. Aquí estamos y no dejaremos que le pase nada.- mientras me acariciaba el cabello - No entenderías… no le conoces.- seguía respondiendo entre lagrimas. - Si, si se lo que sientes niña, calma que con lagrimas no podrá arreglar nada. - Gollita, él ah cambiado mucho. No es el mismo ¿sabes? el no era así, o por lo menos no le vi jamás así.- le respondí secando mis lagrimas y levantando la mirada. De repente escuchamos vidrios quebrándose, venían de una de las habitaciones en la planta baja de la cabaña, sin equivocarme podía decir que era una que utilizaban como mini bar. La señora Gloria se levanto y se fue a ver que sucedía, pero mientras le dijo a Julia que no me dejara sola. Caminando hasta donde estaba el sonido de cristales rotos, saco un aro de llaves, entro y vio a Carlos entre el desorden de muebles y vidrios rotos. En su mano sostenía una botella de licor que ya estaba medio vacía - No deberías de estar aquí…- le dijo Gollita enojada - ¿Y quien carajos eres tu… para decirme donde puedo estar?.- le respondió altaneramente - ¡Conozco tu vida! y se de que eres capaz, tengo la suficiente edad para decirte que es bueno para ti Carlos y sé, que ¡aquí no debes estar!.- le respondió firmemente  mientras entraba en aquel desorden. La miro con odio e intento apartarla de el, pero estaba suficientemente mareado que no pudo ni defenderse de ella; lo tomo del brazo y le quito la botella. Lo ayudo a caminar y salir de aquel lugar. En ese momento iba entrando a la cabaña el señor Cheo, Gollita le pidió ayuda para llevar a Carlos a la habitación principal. Al parecer si había un cambio radical en Carlos, tenia un vicio y yo no lo sabia hasta ese momento. Lo vi cuando torpemente caminaba ayudado por los empleados, no le importo que lo viera así, ni se inmuto en voltear a donde estaba, solo llevaba la cabeza baja, sentí pena por lo que le había causado. Escuche como Gloria cerraba nuevamente aquella habitación y se dirigía donde estaba - Julia ve a la cocina, prepara un café cargado y un té de manzanilla. Que el café lo lleven a la habitación del señor Carlos y el té es para la señorita Gabriela.- le ordeno seriamente a la chica. - Si, en seguida se lo preparo señora Gloria.- levantándose rápidamente se fue Julia. Vi tristeza a pesar de que ella trataba de que el incidente no le afectara y algo de intranquilidad al mirarme tratando como de buscar una explicación que no empeorara la situación. - De ante mano le ofrezco una disculpa por el mal rato… - Gollita, tranquila. Se lo que paso y no tienes por que ocultármelo. - Niña, conozco lo que están pasando. Se lo que siente el joven por usted y…-le interrumpí - No Gollita el no…- recordé quien era delante de ella.- Es un poco complicado, pero esto es mucho para mi.- me interrumpió ella - No, cariño. el…- se sentó junto a mi, tomo de mis manos y las juntó mientras me decía.- Él, siente… - se detuvo, respiro y siguió- A lo que me refiero es que debes de hablar con el, explicarle y trata de que el te explique su comportamiento y quizás el… Fue interrumpida por Carlos, quien se encontraba mirando desde la mitad de las escaleras - Nana ¿podrías venir conmigo a mi habitación?.- le escuche hablar como si de un niño mimado se tratase - Si, en un momento estoy contigo.- le respondió Gollita dulcemente  - ¡Ahora!.- se hizo escuchar en todo el salón. - Ve con el Gollita, yo estaré bien.- le dije a Gollita mientras lo miraba seriamente. Gollita se levanto del sofá donde estaba conmigo, se dirigió a donde estaba Carlos, detrás de ella iba Julia con el café que le había preparado. Aun seguía mirándome esperando que le dijera algo, pero solo baje la mirada para esquivar el disgusto; de el salió solo una orden - Cuando baje Gollita y la servidumbre, te pido que subas a la habitación.- lo dijo tranquilamente como si nada hubiese pasado. Yo solo pensé ¿Acaso el pretendía que después de todo subiría donde estaría sola con el?. Mire a Gollita y ella solo me hizo un gesto con la cara para que dijese que si. A lo que frustrada baje la mirada y no le respondí. Al ver que no le quise responder, se fue a la habitación junto con las sirvientas. Y solo escuche la puerta cerrarse. La mente comenzó a recrear lo que había pasado, el momento en que rompió el teléfono móvil, el enojo en sus ojos y luego la frase que me negaba a entender… un “te amo” que mi mente pretendía hacerme entender que le había escuchado mal y que mi corazón decía que fue tan palpable que se sintió real. Un escape de su subconsciente que le costo, quizás, el desagrado de verse ante mi frágil. Mientras pensaba, las lagrimas salían como si nada, llego una chica vestida de igual manera que Julia, con una bandeja, en ella tenia una taza, al parecer era el té que se suponía era para mi. La muchacha lo coloco en la mesita frente a mi y así como llego se fue; me sentí apenada con ella por que no le agradecí por traerlo. Así me vi frente aquello que se suponía era un gran problema, aparte me esperaba un hombre enojado o tal vez dolido y con un montón de preguntas. Sentí el vacío por lo cual había desaparecido de su vida y recordé que nunca fui feliz con eso, con aquella vida dentro de la Hacienda La Bonita y darme cuenta las cosas por las que pasan algunas familias. Y esto redundaba mi mente, que difícil era pensar y no poder desahogar las dudas e ideas erróneas, tenia una maraña de sentimientos y solo quería tener a mi madre cerca para que me ayudara a desenredarme y liberarme de aquello que llevaba tiempo presionando dolorosamente mi corazón. Tome un sorbo de la taza de té, estaba ligeramente dulce, ligeramente agradable que con poco me hizo sentir mejor. Volví a tomar otro sorbo de té y comenzó a calmarme, así seguí mientras pensaba en que quería Carlos, que pretendía ahora que estaríamos solos; era unas preguntas que no me dejaba en paz. Me termine de tomar el té, me sentí mas tranquila, pero aun así sentí la necesidad de salir a tomar aire, tenia calor, así que me levante del sofá y camina hacia la terraza trasera. Mientras caminaba cruce los brazos y al salir me di cuenta que hacia frío, la brisa que entraba al lugar estaba húmeda y me erizaba la piel, pero aun así decidí salir; me dirigí hasta el respaldar que daba a la parte mas alta de la terraza, en la cual se veían como la niebla abrazaba a los arboles de pino y se perdía entre las sombras de la noche. Escuchaba a lo lejos como el viento silbaba y entre los enormes arboles se mezclaba con el monto de hojas, que tranquilidad se sentía fuera de aquella casa. Mi pulso bajo y el dolor de cabeza que me invadió al principio de todo había desaparecido. El sonar de los grillos y a lo lejos el correr de las aguas de una pequeña quebrada que sabia que estaba un poco cerca del lugar… Comencé a recordar cuando tenia 7 años, entre juegos y locuras de niños, Carlos y yo éramos felices. Él lo tenia todo, lo que pedía lo obtenía, y yo solamente tenia a mi madre y la muda de ropa que tenia puesta. Y aun así era feliz a su lado… De pronto volvió a mi ese sentimiento de soledad, eso me entristeció. Estaba nuevamente en mi lugar favorito, con la persona que me hizo feliz de niña, pero esta vez solo me provocaba tristeza e inseguridad. Deje mis pensamientos en ese momento, mientras que a mi llegaba Julia, la chica que estaba a mi cargo, diciendo - Señorita Gabriela, disculpe. El joven Carlos le esta esperando en la habitación, me ah pedido que le diga que valla enseguida. - Ah… Julia ¿el sigue molesto o algo así? - No señorita, pero debería de ir de inmediato con el. Disculpe.- me dijo e hizo un gesto en señal de respeto. Tenia miedo de ir, lo admito, pero tenia que ir antes de que empeorara todo. Respire hondo y me dirigí a la entrada de la cabaña, entre por el pasillo y vi a los empleados en el mini bar, al parecer iban a ordenar el desastre de su patrón. Me quede inconscientemente mirando, tratado de comprender lo que había pasado ahí, di un salto de susto y recordé que tenia prisa por ir donde él. Seguí caminando, subí las escaleras y justo cuando subí el ultimo escalón, divise a Carlos de pie junto a la puerta de la habitación. Me detuve a verle, se notaba tranquilo, pero estaba sonrojado, al parecer había llorado y ahí baje la mirada. Seguí avanzando hasta que llegue donde él. - Me avisaron que ya podía subir.- nerviosamente le dije - Pasa.- me dijo el tranquilo - Prefiero hablar aquí.- respondí - ¿Podrías pasar? no te haré nada, solo quiero hablar en privado contigo.- sentí algo de autoridad en como se dirigió hacia mi persona. Así que no quise hacer mas disgustos, eh hice caso a lo que me decía. Entren en la habitación y ya ahí vi que la cama seguía ordenada, y mas allá estaba una mesa con lo que obviamente era la cena. El había pedido que la sirvieran ahí; tomo de mi mano y me llevo a la mesa, haló la silla y me ayudo a sentarme. Ya sentada ahí, volví a sentirme nerviosa. Él bastante tranquilo se sentó frente a mi, tomo una de las copas y en ella sirvió agua, la puso frente a mi y me dijo - Espero que te guste la cena.- se refirió a mí viéndome y esperando que comenzara a comer. - gracias…-dije mientras tomaba el cubierto para comenzar a comer Nuevamente estoy aquí, con la persona que me hizo sentir emociones y vivir diferente mi niñez, pero algo hacia ese momento distinto. Habían sentimiento encontrados, nervios y timidez que se entrelazaban cada vez que mis ojos cruzaban son los suyos. Era una cena común, no había festejos, ni elogios que hicieran de la noche especial, simplemente estábamos juntos. Ya estando mas tranquila comencé a comer, el no decía nada, solo hacia lo mismo que yo. Bocado a bocado la comida se termino, y fue ahí cuando para mi suerte comenzó a sonar el teléfono que estaba en la recamara. Él amablemente me pidió disculpa por levantarse de la mesa, y se dirigió a la mesita donde estaba el teléfono - Dime Gollita.- dijo al levantar la bocina del teléfono - ¿Acaba de llegar?.- respondió a quien le llamaba, al parecer tenia visitas. - Bien, dile que me espere en el despacho.- colgando el teléfono resoplo. Se dirigió a mi mientras acercaba la silla a mi puesto, diciendo me tomo las manos - Gaby tendré que dejarte un momento sola, tengo unos asuntos que atender. ¿No te molesta? - No claro que no Carlos, estaré bien. - Bien, discúlpame.- me soltó y se levanto. Lo vi salir de la habitación, no parecía el hombre que hacia unas horas había visto ebrio y pareciendo un guiñapo. Al contrario estaba completamente lucido, impecable y sereno. Al escuchar la puerta cerrarse volví a observar a la habitación, la mesa frente a mi aun con restos de la cena era lo único que me acompañaba. Era gracioso y extraño, tantas personas en aquel lugar y yo, sola en una habitación tan grande. Me levante y tome la copa para servirme agua nuevamente en ella. Y así me dirigí al balcón que estaba frente a mí. Me dispuse a abrir las puertas y juntar las cortinas para salir afuera. Al acercarme a el borde y sentir el frío de aquel lugar, recordé nuevamente los ratos agradables que pase en ese sitio, obviamente nunca entre en esa habitación en especial, pero si deambule por toda la cabaña. Sosteniendo la copa comencé a observar los jardines que estaban alumbrados y que parecían estar encantados, la humedad del lugar le daba un toque hermoso mientras la brisa fría mecía las flores y las hojas. Tome un sorbo de agua y respire profundo; al parecer esta vez me sentía en casa. Mientras estaba en el balcón, abajo en el despacho se encontraba Carlos junto con su abogado y mejor amigo Miguel de León. Sentados, entre papeles y escrituras, conversaban de un tema algo complicado: - A ver Carlos ¿estas completamente seguro que ella te ayudara en esto?.- le preguntaba Miguel mientas le acercaba unas paginas a Carlos. - No estoy seguro, pero lograre convencerla. Aunque no lo creas, para ella sigo siendo su mejor amigo.- le respondió, tomando las paginas y comenzando a revisarlas. - Amiga, tanto tiempo y ella conserva tu amistad.- Miguel comenzó a reírse - No te rías, es la verdad.- a Carlos también le pareció gracioso En ese momento Carlos abrió uno de sus cajones en el escritorio, los cuales estaban bajo llave. De ahí extrajo una carpeta cuidadosamente envuelta en plástico, la desenvolvió y comenzó a revisarla - ¿Y como vas a hacer con tu madre?.- pregunto nuevamente Miguel mirándolo serio. - Mi madre la conoce, tu la conoces, no creo que haya problemas… además estoy perdidamente enamorado y ella también.- el sarcasmo en la ultima frase fue tan cortante que le cambio el semblante a Carlos. - Ya, enamorados… Gabriela nunca le pudo mentir a tu madre, siendo una niña, ahora me la imagino mintiendo sobre sus sentimientos y de lo enamorada que esta de ti…- respondió con mas sarcasmo que obviamente hicieron molestar a Carlos. - Miguel se supone que me debes ayudar.- le dijo a Miguel mientras le daba la carpeta que había sacado del cajón. - Soy tu amigo Carlos, pero también soy tu abogado y debo velar por tus intereses para que todo salga bien.- le respondió como el profesional que es. - Entonces como abogado dime ¿que puedo hacer sobre esto?.- respondió Carlos mirándolo fijamente mientras se acomodaba en la silla. - Bueno, tu abuelo fue bien claro al dejarte todo, pero con estas cláusulas hay que tener cuidado, la primera pide un matrimonio solido, esto te pide que demuestres que tu matrimonio es legal y de verdaderos sentimiento.- leyendo aquellos papeles le respondió Miguel. - Verdaderos sentimiento…- susurro Carlos, mientras se llevaba la mano derecha a la cara. - Si, mientras se cumple el periodo de compromiso y boda, tu abuelo te deja al mando de todo, por que confía en ti, mas no serás el dueño aún de nada, algo así como un encargado, te deja con tus comodidades pero si de verdad te casas. Al cumplir el periodo de tres años si no se comprueba fallos en tu matrimonio, heredas completamente todas las propiedades y bienes.- seguía explicándole - Entonces no hay fallas en mi plan.- respondió Carlos a la explicación de Miguel. - No lo hay si sabes jugar bien esto Carlos. Pero si los abogados de tu abuelo se enteran, te quitan gran parte de la herencia, eso corresponde mas de la mitad. - Aun no entiendo por que mi abuelo propuso esta locura, no era mas simple dejarme todo. Soy el único nieto que tubo ¿que mas podía hacer?.- frustrado le respondió a Miguel. - Tal vez quiere asegurar que tu seas un hombre de bien, que continúes con la tradición… no se quizás que al formar una familia seas mas responsable y maduro.- le dijo Miguel tratando de que hacer entender a Carlos - No se, según el ¿de donde carajos sacare una esposa modelo?.- apoyándose al escritorio le pregunto a Miguel esperando que el le diese una respuesta certera. - Carlos, te dedicaste de lleno a la hacienda y a las empresas, desde que tu padre falleció. ¿Jamás conociste a alguna mujer que llenara las expectativas de tu abuelo?.- pregunto Miguel, cerrando la carpeta. - No…- respondió Carlos. En ese momento ambos voltearon a ver una mesita en donde estaban unas cuantas fotos y se quedaron observando una de las fotos que estaban cerca del difunto señor. Carlos se levanto de la silla y se dirigió donde aquella foto. La tomo de ahí la llevo donde estaba Miguel. En ella esta fotografiada una niña y un niño de mas o menos 6 años, junto al que parecía el señor Montalbán, en sus años mas prósperos - Si siempre la quisiste… ¿por que nunca le confesaste tus sentimientos?.- le pregunto Miguel, mientras sostenía la foto. - Ese no es el caso Miguel, ella… necesito saber si hacer esto no tendrá consecuencias para Gabriela.- ignorando la pregunta, Carlos le contesto mientras se sentaba y unía sus manos esperando una respuesta. - Esta bien, en el peor de los casos, investigarían quien planeo todo. Y solo por complicidad tendría que pagar una multa, pero nada más. Ahora viéndolo desde lo sentimental ¿estas consiente de la ultima cláusula?.- dirigiéndose seriamente a Carlos y colocando la foto frente a el. - Algo me ingeniare… por ahora solo quiero empezar por tratar de convencerla de que me ayude.- echándose hacia atrás y resoplando respondió Carlos a lo que le pregunto Miguel. Al parecer lo que en la ultima cláusula se dictaba era muy serio y debía tomarse con mucho cuidado. Miguel solo lo miro y terminando de cerrar la carpeta y devolviéndosela a Carlos, tomo su maletín y de dentro de el saco otra carpeta, la abrió y dentro estaban unos papeles los cuales le entrego a Carlos. - Aquí esta lo que me pediste, un contrato prenupcial y un acuerdo para Gabriela donde afirmara ayudarte hasta que se cumpla el plazo. Ahí encontraran detallado todo, desde el día en que comiencen su relación hasta que se cumpla el periodo de matrimonio establecido por tu abuelo. Ella debe firmar el acuerdo contigo, lo demás lo resuelvo.- le explicaba Miguel mientras le daba las paginas a Carlos. - Si no cumple con el contrato ¿que pasaría?.- Carlos pregunto algo inquietado - Tendrás el derecho a divorciarte de ella, eso es algo bueno ya que aun así no podrán negarte la herencia, pero solo si cumplen por lo menos 2 años y sea irremediable la ruptura o… a menos que…- Miguel detuvo la explicación - ¿A menos de que?.- pregunto Carlos - A menos que se cumpla la ultima cláusula.- respondió sonriente al voltear a ver a Carlos. - Ah… eso no va a pasar.- dijo Carlos, pero nunca se percato de que el rubor de sus mejillas le delatara el nervio a tal afirmación. - Ahora amigo, dime ¿como vas a convencerla?.- le dijo Miguel mientras se levantaba a servirse un trago. - ¿Que propones tu? Querido, amigo.- le preguntaba Carlos, sonriendo mientras guardaba el documento que Miguel le había entregado. - Pues yo propongo que… no se… ¡le digas la verdad de tus sentimientos!.- divago sosteniendo el vaso con licor. - No. Eso complicaría mas las cosas. - ¿por que complicaría las cosas? Estarían casados de verdad, y será mas fácil llevar ese tiempo, viéndolo como un periodo de novios, tal vez se …- en eso lo interrumpe Carlos - Ella no me quiere…- respondió enojado - ¿que? - Esta enamorada de un estúpido…- replico el enojo - Entonces eso cambia todo…- se dirigió a Carlos y se sentó frente de el nuevamente - ¡Si! la conoces. Aun conserva la idea del amor a la antigua, ese tipo se aprovechó de eso para sembrarle dudas… ahora no confía en mi y eso me enoja, sabes.- respondió dando un golpe al escritorio - Pero hombre, calma. Si dices que es un bastardo, tienes la oportunidad de mostrarle el amor que ella busca.- le contesto dándole aliento al amigo - Si, pero ¿como lo hago sin que todo el tiempo me esquive o trate de huir?.- le replico mientras se tiraba hacia atrás de la silla. - Carlos Alberto Montalbán, ¿estas ahí? Tu conoces mejor que a nadie a Gabriela, sabes que le gusta y lo que ama. Incluso puedes enamorarla si te lo propones.- Miguel levantándose le replico con poderío e intentando hacerlo reaccionar - Tienes razón.- se volvió a ver a Miguel.- Ese tipo no es rival para mi, por el contrario, la perdió.- afirmando se levanto de la silla - Exactamente hermano, tienes de ganar. Ahora tienes la oportunidad de obtener lo que quieres.- le reafirmo Miguel, al ponerle las manos en los hombros en señal de que no se dejara vencer. - Por eso eres mi mejor amigo, Miguel. Sabes te agradezco todo este tiempo que me ayudaste.- le respondió a él, conmovido. - No te preocupes Carlos, sabes que puedes confiar en mi. Y estoy aquí para ayudarte en todo. Entiendo claramente lo que sentís por ella.- dándole una palmada en los hombros le contesto Miguel. - Gracias hermano. Justo ahí Carlos lo abrazo, agradeciendo por esa sincera amistad y lealtad que llevaban. Dejando atrás los papeles en orden y tomando su maletín, Carlos y Miguel salieron del despacho. Entre risas de amigos salieron por el pasillo a la sala de la cabaña, ahí me encontraron sentada esperando, pero al ver y reconocer a Miguel me levante rápidamente y corriendo a el dije - ¡Miguel! ¿Eres tu? ¡no puede ser!.- desbordando alegría corrí a abrazarlo - ¡Gabriela! Eh cuanto tiempo, ¡mírate estas preciosa!.- respondió después de abrazarme y tomándome de las manos. - ¿Si o no que se ah vuelto mas hermosa? Miguel.- contesto Carlos sonriéndome - Definitivamente, los años te dieron belleza.- replico Miguel - Gracias, chicos no es para tanto.- me apene y baje la mirada Carlos se acerco a mi y me abrazo, me acaricio el cabello y me dijo - Verdaderamente estas preciosa Gaby.- levantando mi rostro y dejando ver la ternura en sus ojos junto con una sincera sonrisa. - Gracias Carlos.- le dije mientras me separaba de el y le tomaba de la mano. - Bueno, ya es tarde. Me ha dado gusto volver a verte Gaby.- se acerco a mi para darme un beso en la mejilla.- Carlos, te agradezco que me hayas recibido, no quería interrumpirte. Estamos en contacto. Si tienes alguna duda llámame, hermano. - Gracias Miguel, te hablo para avisarte lo que decidí. - ¡Buenas noches Carlos! Espero volver a verte Gabriela, fue todo un placer.- contesto afirmando con la cabeza y sonriendo salió de la cabaña. Mientras Carlos y yo, nos dirigimos a la terraza frontal a ver cuando salía Miguel en su auto. Los faros del auto se perdieron al cerrarse los portones, la noche transcurría tranquila, solo el sonido de la brisa y los grillos interrumpían la paz de aquel sitio. Avanzando la noche, el reloj marcaban las diez con treinta minutos; estando en la sala, Carlos llamo a Gollita, esta se nos acercó y con respeto le dijo - Nana, podrías arreglar la habitación, ya debemos dormir. - Por supuesto mi niño, ya mando a una de las chicas. - ¿La habitación? .- pregunte al escuchar la orden - Si, amor. ¿Aun no quieres dormir?.- me pregunto cariñosamente - no, ah me refiero a que… ¿tu dormirás en la misma habitación?.- dije inocentemente - Si… ah nana haz lo que te dije.- le repito a la señora, mientras se levantaba del sillón. - No pretenderás que durmamos juntos, ¿verdad?.- le dije mientras lo miraba seria - ¿Que tiene de malo?…- dijo al darse la vuelta - No esta bien sabes, dile a Gollita que me arregle otra habitación.- respondí al levantarme junto a el - Somos novios cariño, y no le diré nada a Gollita.- me replico mientras me tomaba de la cintura con algo de dulzura. - Eso es una mentira cruel…- le respondí sin miedo. - Entonces si es una mentira ¿a que le temes?.- me respondió acercándome más a su cuerpo. No era a la mentira a lo que le tenia miedo, si no a lo que ocultaba en si dicha mentira. Ese momento sentí un escalofrío recorrer por toda mi espalda, sentir su cuerpo junto a mi y esa calor que de ambos cuerpos se escapaba. Tenia que ser fuerte ante tal situación, no dejarle ver lo que me causaba estar tan cerca. A nosotros llego Julia junto con una chica que vestía igual que ella, Carlos simplemente me soltó y se dirigió a las chicas diciendo - Eh dado la orden de que preparen mi baño y la habitación principal, en un momento subiremos, mi novia y yo debemos descansar.- reafirmando mientras me tomaba de la mano. - Carlos deberías decirles que preparen otra…- me detuvo apretando mi mano - Cariño ¿quieres tomar algo?, Julia quieres, por favor, traernos un té. Gracias.- le dijo a la chica para despistar lo que quería decirle. - Si señor, se lo traigo en seguida.- mostrando un gesto en señal de respeto. La otra chica se quedo en pie, solo lo observaba detenidamente, en ella se veía como si algo en él le atrajera. - Ah, y tu que estas esperando…- le reclamo a la chica. - Disculpe señor…- respondió la chica apenada - Rosa ¿que esperas? Muévete, ven a ayudarme.- le grito la señora gloria desde el segundo piso. - Carlos no la trates así…- le dije mientras le apretaba el brazo - ¡Esta bien mi amor!, lo que tu digas.- me respondió cariñosamente Mientras el me abrazaba, vi como la chica lentamente subía las escaleras y seguía observándonos de lejos. Parecía que algo le molestaba de nosotros, o quizás de mi. Me aparté de el, volví a sentarme en el sillón, tome una revista que estaba cerca y me dispuse a leerla. Carlos vio con seriedad el gesto de la chica, me vio a mi y se sentó cerca. Se recostó a mi lado y guardo silencio. Después de un rato, volvió Julia de la cocina con una bandeja y en ella traía dos tazas de té. - Permiso, una taza de té con manzanilla y miel para la señorita Gabriela, y una taza de té verde para usted señor.- dijo mientras colocaba las tazas en la mesita de en frente - Muchas gracias Julia.- respondí amablemente a tal gesto. - Eso es todo por hoy, puedes retirarte Julia. Descansa.- respondió Carlos - Buenas noches, con su permiso.- Julia despidiéndose se retiro. Mire con asombro a Carlos, su forma de tratar a cada empleado era extraño, o solo a quien conocía le trataba diferente. - Es una buena muchacha.- le comenté mientras tomaba la taza de té - Si, es educada y responsable.- me respondió - Me recuerda mucho cuando trabaje como ella…- dije mientras tomaba un sorbo de té - Nana Sofía la recomendó.- me contesto mientras se acomodaba para tomar su taza. - ¿Nana Sofía? ¿Aun trabaja con ustedes?.- le pregunte emocionada - Si amor. Aun esta en la hacienda, ahora acompaña a mi madre en todo.- me respondió tranquilamente mientas se tomaba el té. - Me gustaría volver a verla.- le conteste emocionada. Tomando la taza entre mis manos, le di un sorbo, vi que él me estaba mirando tan tiernamente, al verme sonrió y bajo la mirada, tomo su taza y se termino el contenido de ella. El calor de aquel té me fue relajando al punto de que el sueño me quería dominar. Suspiré al terminar mi té, cerré la revista, tomé ambas tazas y las coloque en la bandeja; al parecer me había relajado demasiado, que hasta me recosté al lado de Carlos. Él no se molesto, incluso me acerco más a su pecho, a tal punto que escuche como su corazón se aceleraba. Así me mantuve hasta que vi bajar a la chica con los trastes de la cena en una bandeja, detrás de ella venía la señora gloria, bajaron, pero la chica nuevamente se nos quedo viendo que hasta parecía enojada. Me aleje de Carlos, me levante y corrí a ayudar a la chica - Déjame ayudarte…- le dije a la muchacha mientras le intentaba tomar la bandeja - Usted no tiene por que hacerlo…- respondió mirándome fijamente. - No tranquila, se ve pesada, déjame ayudarte.- le conteste La señora gloria al ver lo que pretendía hacer, corrió hacia nosotras y repitió - Señorita Gabriela, usted no debe hacer esto…- me hablo mientras me quitaba la bandeja - No Gollita, esta bien… quiero ayudar…- le replique - Amor es verdad, no debes hacer nada de esto… para eso está ella.- dijo Carlos seriamente al levantarse del sillón. Obviamente se refería a la chica. - Es que esta pesado, como para que ella lo lleve sola.- le respondí al dirigirme a donde estaba el. - Entonces que llame a otra muchacha.- se refirió mirando a Gollita. - No se preocupe niña Gabriela, yo la puedo ayudar.- respondió Gollita ante la situación que había causado. Mire a Carlos, luego a la muchacha y vi nuevamente la expresión de enojo en ella, algo en mi le molestaba y tenia que ver con él. Me aleje un poco de el y fue ahí cuando Carlos me tomo de la mano y dijo - Es tarde, nos retiramos Gollita.- acercándome a el le comento a la señora. - Buenas noches señores, que descansen.- respondió Gollita - Buenas noches Gollita, gracias por todo.- le conteste y le sonreí a la chica, ésta ni se inmuto en responder. - Vamos cariño, debes descansar.- me dijo Carlos mientas acomodaba mi mano en su antebrazo. Al caminar hacia las escaleras, vi el rostro de la chica mirándonos atenta a cada movimiento, subimos y voltee a ver, pero ya estaban en camino a la cocina, de ahí no la vi mas, solo la puerta de la cocina cerrando. Nos dirigimos a la habitación principal, estando ya en ella, Carlos tomo un vaso y se sirvió un poco de agua. Se sentó en uno de los asientos cerca de una mesa. Solamente cerré la puerta y me acerque a él, junte mis manos y las lleve a mi regazo - ¿Entonces dormirás aquí?…- le pregunte algo tímida - Mmm si…- dijo el mientras acercaba el vaso para tomarse el agua - Carlos, prefiero dormir en otra habitación…- le contesté tratando de que entendiera mi timidez - ¿Hay algún problema?.- preguntó al verme algo incomoda - no, pero no deberíamos dormir juntos…- respondí inquieta. Me levante y voltee a verlo - A que le tienes miedo, novia mía.- dijo riendo mientras colocaba el vaso en la mesa. - ¡No somos novios Carlos! y lo sabes.- respondí enojada - Mira cariño, no pretendo hacerte nada y lo sabes mejor que nadie.- me respondió seriamente al verme el gesto. - Entonces prefiero dormir en otra habitación, si no te molesta.- conteste negándome ha hacer lo que el quería. - Entonces iré a ducharme y me acostaré a dormir, a ver que harás tú…- me respondió levantándose. Fue, abrió el armario y saco de el su ropa de cama, y se fue al baño. Dejo la puerta abierta,  yo me quede sola en la habitación, pensando que podía hacer; recordando que cada habitación de la cabaña tenia una llave y que solo se abrían cuando Carlos o alguien de la familia daba la orden, a lo que resignada solo me senté nuevamente en la silla a esperar que Carlos cambiara de opinión. Mire a mi alrededor, la pequeñas luces daban a la habitación una bella luz tenue, el delicado bordado de las cortinas blancas de la cama hacían juego con las sabanas, que aún estando ahí se podía ver el tallado de la madera. Frente mío estaban las cómodas también hechas con madera finamente talladas. Pasando la mirada por los espejos me vi reflejada, mi cabello algo despeinado y mi ropa impecable, un rostro pálido y en el un gesto de miedo. Me levante hacia el, tome el peine y comencé a pasarlo por el cabello, nudo a nudo fui soltándolo, las luces hacían ver el brillo café de el; termine de peinarlo y tome una toallita de papel y la pase por mi cara para limpiarla. Al ver mi rostro mas limpio bote la toallita, seguí observando lo que había en la habitación, las puertas de el armario también eran de madera, en ellas estaban tallados dos caballos parados en las patas de atrás, me acerque a ellas para tocarlas, sin duda eran hermosas. Deje de deambular en la habitación, abrí el armario y busque algo para cambiarme. Entre tanta ropa encontré un pantalón corto de algodón y una blusa del mismo diseño que el pantalón, era un juego de ropa de cama muy lindo. Lo tome y cuando cerré la puerta Carlos, para mi sorpresa, estaba mirándome desde la puerta del baño. Su cabello se veía mojado, solo llevaba puesto un short de cama. La humedad de la ducha se le notaba en el torso y la luz tenue marcó su figura bien cuidada. Al verle ahí, me apeno un poco y voltee a ver a otro lado. Lo escuche acercarse a mi, sentí cuando llego, sus manos me tocaron los brazos y al oído me dijo - Sabía que te gustaría esa pijama…- sentí la ternura al hablarme - Gracias… ¿ya puedo… bañarme?.- titubee alejándome de el y poniéndome en frente. - Claro…- dijo sonriendo Me dirigí a la cómoda, busque en donde estaba mi ropa interior un par que fuese cómodo y suave para ponerme, ya de tanto buscar nerviosamente encontré unas y las tome, me fui a el baño y rápidamente cerré la puerta con llave. Dentro del baño era agradable el olor, parecido a cuando me bañe al principio. Así que me dirigí a donde estaba la tina y vi preparado el baño, lleno de agua tibia, velas de un increíble aroma a dulce y pétalos de rosas dentro de la tina que se encontraba con espuma. Me puse a pensar si debía usarla o bañarme rápidamente, pero me dije a mi misma que no importaría si convencía a Carlos el no haría lo que yo le dijera. Así que decidí usar la tina. Me desvestí, puse la ropa en la mesita de junto y me ate el cabello en una coleta alta. Entre en la tina, sentí como el agua tibia mojaba poco a poco mi piel mientras me introducían ella. Ya en el agua me comencé a relajar, tome la esponja y la pase delicadamente por mi piel. El aroma era delicado y muy dulce, las burbujas daban una ligera sensación de suavidad, algo así como aceite. Seguí pasando la esponja por mi cuerpo dejando cada parte limpia y suave. Deje a un lado la esponja y me hundí un poco en el agua hasta el cuello y me recosté en la tina. Me puse a pensar en todo lo que había pasado, de lo que me había enterado y que estaba triste de la situación vergonzosa que le había causado a él. Recordando cada momento, de mi salió una pequeña lagrima, sentía algo de culpa, pero pase mi mano para mojarme la cara. Volví a mi mente y recordé el gesto de la chica nueva, fue totalmente extraño su gesto, me hizo pensar que estaba enojada de verme ahí o le molestaba que Carlos estuviese cerca de mi. En la tina llegue a la conclusión de que le atraía él, de que le molestaba mi presencia y quizás se sentía ofendida por mi. Estaba loca pensando de esa manera, pero quien no se enamoraría de alguien como él, teniendo todo. Y ¿porque no podía?, si ella es mujer y muy linda por cierto, lo único que la alejaba de el era yo… Deje de pensar, me acomode y vacíe la tina. Todo el contenido de ella se fue, apague las velas y tome la regadera que había en ella, la abrí poniendo el agua fría, me quite toda la espuma del cuerpo y de ahí cerré la llave. Tome una toalla que estaba cerca de la tina, me envolví en ella y tome mi ropa, me dirigí donde estaban los espejos y comencé a vestirme. Me solté el cabello, tome otro peine y lo pase por el, para desenredarlo nuevamente. Ya lista,  deje la toalla cerca de la que uso Carlos, me moví al lavamanos y frente a el espejo vi mi semblante, puse mis manos en el grafito y me fije que habían dos cepillos uno que estaba algo húmedo, obviamente ya él lo había usado, y otro que estaba cerco. Lo tome, le coloque crema dental y comencé a cepillarme. Termine, me lave y segué la cara con una toalla, coloque nuevamente mi cepillo junto al de Carlos; tome la ropa usada y la coloque en una canasta que estaba bajo el lavabo. Abrí la puerta lentamente y note que ya estaban las luces apagadas, solo se veía una tenue luz que venia de una lámpara que se encontraba en un lado de la cama. Apague la luz del baño, cerré la puerta suavemente. Camine hasta la luz cercana a la cama y ahí lo vi a él, tranquilamente dormido; la sabana le cubría hasta su abdomen, tenía una mano descansando en el y la otra sobresalía por encima del edredón. En su rostro se veía inocencia y un ligero ronquido daba la seguridad de que estaba “profundamente dormido”, me acerque un poco a ver detenidamente sus rasgos: Pequeñas pecas se repartían por sus mejillas, su mentón con algo de vello y sus cejas curiosamente despeinadas. Uno que otro lunar se dibujaban en aquel rostro varonil, algo de color en su rostro pálido me dieron a conocer que aun pasaba tiempo bajo el sol. Algo que curiosamente me gustaba ver en el era un lunar cerca de su ojo izquierdo, que despierto hacia inocente sus hermosos ojos color miel. Entonces me aleje un poco y lo observe completo, ahí acostado en la misma cama que yo debía compartir. Me lleve la manos a la cara, sentí el rubor tibio en mis mejillas al no saber si acostarme o no. Pensé por un instante y no me quedo de otra, me di la vuelta al lado de la lámpara encendida, levante lentamente el edredón y cuidando que no se despertara me introduje en la cama. Recosté mi cabeza en la almohada suave, tome la sabana con el edredón y me cubrí hasta el pecho, mire a mi lado un hombre distinto al que recordaba, provocaba una extraña sensación de timidez en mi, algo que hacia acelerar mi corazón, ya era adulto y yo también. Extendí mi brazo a la lámpara y apague la luz. La habitación estaba en completo silencio, la oscuridad era interrumpida solo por un pequeño hilo de luz que al parecer era de afuera. Cerré mis ojos al sentir el sueño llegar, deje de lado mi cabeza y justo cuando me dormía, sentí el roce de la mano de Carlos en la mía. Era como una caricia suave, abrí mis ojos, pero no voltee a ver; siguió así hasta que entrelazo sus dedos en los míos. Y entre la oscuridad solo escuche como se acomodaba hacia mi lado, pero aun no sentía su presencia cercana a mi, por el contrario solo sabia que estaba ahí por su mano. Voltee a verle y obviamente estaba, el hilo de luz que me dejó ver su silueta, que su cabeza seguía recostada en su almohada y que la sabana seguía cubriendo su cintura. De el se escucho un ligero suspiro y entre una voz suave le escuche decir - Hasta mañana preciosa… Al escucharle decir eso pensé si contestarle o hacerme la dormida… pero no lo hice - Hasta mañana…- le respondí en voz baja - Hueles delicioso…- dijo el mientras suspiraba nuevamente No sabia que responderle, así que guarde silencio. Otra vez sentí la caricia en mi mano, pero esta vez subía por mi brazo otra mano. Comencé a temblar, esa mano recorrió mi brazo con tanta ternura que se detenía para que con sus dedos palpara la suavidad en mi piel, dejando erizar cada centímetro, subió poco a poco hasta llegar a donde descansaba mi cabello. Lo sentí acercarse hasta escucharle oler un mechón de mi melena, abrí mis ojos y vi que estaba tan cerca de mi, su otra mano aun sostenía la mía, pero la soltó para acomodarse mas cerca de mi. Intente alejarme, pero el al acercarse tomo mi rostro y con una suave caricia logro que no lo hiciera, por el contrario me acerco lentamente a el. El hilo de luz dejaba ver a mis ojos que el estaba despierto, aun podía verle y fue justo frente a el que note lo que iba a pasar. Delicadamente acerco mi rostro a el y entre la sombra de la noche un suave y húmedo beso nos unió. Aquello me hizo erizar cada rincón de mi piel, delicado fueron sus labios recibiendo los míos, entre una ligera humedad, dejaba escapar un suspiro y poco a poco sus dientes dejaban ligeras marcas en mis labios. Fue pasando de tierno a un poco brusco, algo en el hacia que ese beso se volviera segundo a segundo mas intenso, con cada mordida me acercaba más a su cuerpo. Sin darme cuenta solo nos separaba el edredón de sentir nuestros cuerpos, su mano sujetaba mi cuello delicadamente, pero fuerte a la vez. Me soltó por un segundo y volvió como si desease comerlos, mis manos perdidas tomaron control y tocando poco a poco llegaron a el cuello de Carlos, sentí la fuerza que contenía en el y acercándolo más a mi siguió acelerando el beso. La humedad ya era parte de nuestras bocas y la respiración era mas agitada; dimos paso a algo que nuestros cuerpos pedían a cada segundo. El tomo de la sabana que nos dividía y la aparto, pasando su mano por mi cadera, suavemente cruzo su brazo hasta mi espalda, su cuerpo cálido ya estaba contra el mío, entre besos y caricias fue subiendo el calor de nuestros cuerpos. La humedad seguí ahí recorriendo labio a labio, su mano dominante recorría mi espalda para que no me separa de el. De pronto reaccione, pero el seguía besando tan intensamente que me era difícil soltarlo, y no sabia que hacer para tomar el control. Fue ahí cuando de un segundo a otro sentí el calor que emanaba de su entrepierna, ya había recorrido media cama y estaba entre mis piernas. Sentí temor a lo que se venia, aun besándome nunca me di cuenta como llego ahí, recorriendo mi abdomen sentí como delicadamente subía mi blusa, parecía buscar algo pero se detenía nervioso. Su otro brazo soportaba algo su peso, mientras sus dedos acariciaban mi mejilla, ya no era un beso, era algo mas intenso que me hacia palpitar el corazón a mil. Seguía recorriendo mi abdomen y su mano aun buscando, hasta que me dejo de besar y bajo hasta mi vientre. Su mano encontró los botones de aquella blusa y soltando el ultimo botón, bajo sus labios y rosando suavemente mi piel la beso, sentí como se erizaba al contacto con el. Siguió soltando el siguiente botón y exponiendo mi piel a sus labios, pero esta vez se detuvo para besar con mas intensidad mi delicada piel, la cual se estremecía a tal contacto. Mis manos nerviosas solo las tenia puestas en su cabello, entrelazando cada mechón con mis dedos, parecía que no podía o no quería detenerlo, solo dejaba que dominara mi cuerpo. Ya al encontrar el tercer botón, se detuvo ahí, volviendo a mí sus labios y humedeciendo los míos, tomo el botón y lo soltó. Dejando expuesto parte de mi piel y mi pecho, sentí el calor que su cuerpo emanaba, ya en su entrepierna el fuego se elevaba haciéndose sentir en mi. Fue eso lo que me hizo reaccionar y parar. Mis manos soltaron su cabello y bruscamente trate de detenerlo ante tal acción, eh hice que se levantara. Me levante e intente apartarlo, pero con algo de fuerza el tomo de mi y volvió a besarme, esta vez fue un poco brusco, mas eso solo me hizo poner mi mano en su pecho y detenerlo al hacerme un poco hacia atrás. El, al darse cuenta de mi reacción dijo - ¿que sucede?…- mientras me veía extrañado - Es que… no quiero hacer esto.- le respondí asustada - ¿por que?…- pregunto mientras tomaba mi mano que evitaba que se acercara - Esto no esta bien… y lo sabes.- le reclamé nerviosa - ¿Esta mal que quiera… tenerte?…- contesto bajando la mirada - No quiero que pase… esto era lo que quería evitar… pero tú…- fui interrumpida por él, al poner su pulgar en mi boca evitando que siguiera hablando - Yo… solo quiero dormirme a tu lado y despertar sabiendo que estas aquí… de verdad… perdóname…- respondió mientras se apartaba de mi. Se sentó, cubrió su entrepierna con la sabana y ahí en silencio se quedo. Al escucharle decir esa palabra, comprendí que el deseaba mas que una simple noche de cama, un momento de pasión; me acomode para sentarme junto a el, mientras abroche cada botón. Me acerque a el, pase mi mano por su rostro y lo hice que me mirara, detuve mi mano en su mejilla y mirándole a los ojos le di un beso en la boca, a lo que el sin temor me devolvió. Nos detuvimos ahí y sintiendo su mejilla abrí los ojos y me di cuenta que el también los abrió dejando ver aquello que adoraba de él. Le acaricie la barba y le dije - Prométeme que seguirás aquí cuando despierte… Al escuchar esto, vi aun con la tenue oscuridad como sus ojos expresaron amor y alegría, y así respondió - Te prometo que despertaras siempre en mis brazos… amor mío.- afirmo dulcemente Le besé nuevamente y deje libre algo de amor para el, nos recostamos a las almohadas, el paso su brazo por debajo de mi cabeza y yo me acomode junto a su pecho. Tomo mi mano y la entrelazó, besó mi frente. Sentí como su piel al contacto con la mía se erizaba, fue reciproca la sensación, al instante sentí tranquilidad. El olor de su piel era agradable y siendo sincera    me encanto estar así con él. Sonreí y puedo estar segura que el también lo hizo, el sueño nos envolvió a ambos. Aquellos dos cuerpos que intensamente comenzaron con un beso a pedir a gritos estar unidos, ahora estaban tranquilamente abrazados. El sueño domino por completo ambos seres y dejándose caer en el, se durmieron. En aquella habitación el silencio prevaleció y solo la respiración calmada interrumpía la paz. Así transcurrió tranquila y serena la noche.