Salto eterno

Salto eterno

Salto eterno

En el lugar más recóndito de la isla, donde nos comíamos a clandestinos besos...

Mi mirada, temblorosa, no sabía cómo afrontar esa última noche.

¿Y si tu piel olvidara mis dedos?

Tus padres disfrutaban de sus merecidas vacaciones,

y yo soy preso del escaso tiempo que nos queda para dejar de vernos.

Las olas susurraban todas esas palabras que no encuentro,

para decirte cuanto, si no aceptas, voy  echarte de menos...

Miraba como, sentada en aquel tronco,

el aire húmedo encrespaba tu melena.

Tan larga como todos nuestros planes utópicos,

que algún día creímos que merecían todas estas risas que temen ser abandonadas y la pena.

Mis dedos recorren tu larga espalda,

mientras me falta el aire para sacar el regalo suicida que tengo.

Aunque tu sonrisa sabionda estaba ya, a oscuras,

subiéndose al avión en el séptimo cielo.

Lo tiramos todo,

no avisamos a nadie.

Me despedí con mi ausencia en el trabajo

y tú con un mensaje a tus padres:

“Necesito vivir. No quiero estudiar, casarme y ser madre.

Necesito comerme el mundo o estrellarme contra el…

Os quiero, prometo no defraudar a nadie”

Tus pestañas se juntaron,

mi mano se entrelazó con tus sueños.

Si tú prometes jamás fallarme,

yo prometo nunca romperlos.

Derepente estábamos en París.

Escapando de nuestros miedos.

En un piso de 70 metros cuadrados,

cincuenta pinceles y siete lienzos.

Noches de teatro, vino, queso

y mucho sexo.

Gemidos bajo las luces rojas de cada esquina enladrillada,

en la que me estampabas sin dudar.

Ninfa caprichosa, despiadada despeinada...

Tus caderas me contaban historias,

mientras tus cachetes perfectos, con mis manos se ruborizaban.

Pasamos de contar estrellas poetizando la huida de esa playa,

a tardes de lágrimas incomprendidas y desoladas.

Te pesan las llamadas sin contestar, y la jodida culpa.

Ceño fruncido, tu moño despeinado y mi camiseta larga…

Veo volar tus pensamientos a través de esa ventana.

Mientras te dibujo por el placer de mirarte.

Aporrean la puerta...¡Son ellos!

Desde la baranda me pides que salte.

En el aire me besas y me repites que sin mis manos

no vas a ninguna parte.