Un mundo al revés

Un mundo al revés

Un mundo al revés

Caliza es una pequeña ciudad ubicada al sur del continente Nathalino, que a pesar de su tamaño es muy acogedora, aunque no puede haber secretos en ella porque los rumores corren rápido entre sus habitantes. Con una sola persona que escuche algo nuevo, ya lo sabrá la ciudad entera.

En el centro de Caliza, vive Alejo con sus dos papás y una hermana menor. Es un chico de 14 años, muy carismático y bondadoso, Alejo asiste a la escuela como el resto de los chicos y siempre está contento ayudando a los demás. Después de la escuela va un taller de teatro musical, aunque esto último no lo hace muy feliz, él desearía jugar fútbol, pero sus padres dicen que eso es de niñas, los niños tienen que hacer sólo cosas dulces. En ocasiones, cuando termina el taller, va a casa de Dorian, su mejor amigo y se queda a cenar ahí, sus madres son muy amables con él, siempre le dicen que será un gran hombre y que les encantaría que alguna vez pudiera existir algo entre Dorian y él. Sin embargo, a él no le importa eso del amor, en realidad nunca ha tenido novio y no le interesa tener uno, jamás ha sentido ningún tipo de atracción hacia otro chico y Dorian no sería la excepción.

Un día mientras Alejo estaba en la escuela, llegó al salón una chica nueva, era rubia y sus ojos eran de un color azul brillante…

-Hola, mi nombre es Clara, tengo 14 años, soy nueva en la ciudad y estudiaré aquí a partir de hoy. –Dijo la chica a manera de presentación.

Todos le dieron la bienvenida y el profesor le indicó que tomara asiento a un lado de Alejo, lo cual hizo que él se sintiera afortunado, tendría la oportunidad de conocerla pues jamás se había relacionado con niñas y ahora podría hacerlo, eso era genial. Cuando Clara tomó asiento, le sonrió y él se dio cuenta de la sonrisa hermosa y resplandeciente que tenía, era como si cada rasgo en ella fuera perfecto.

Durante la clase tenían que trabajar en parejas, Alejo siempre trabaja con Dorian, pero en esta ocasión no fue así, Alejo pensó que sería buena idea trabajar con la chica, aunque no estaba seguro si ella también quisiera trabajar con él, guiado por un impulso extraño tomó fuerza suficiente para preguntar.

-Ah… Hola, soy Alejo. -Dirigiéndose a ella mientras estiraba el brazo para saludarla.

-Hola, mucho gusto. -Respondió Clara y estrechó su mano.

-Me preguntaba, si… ¿Te gustaría trabajar conmigo? -Agregó dudoso.

Clara lanzó una pequeña sonrisa y asintió. Alejo se puso feliz, era raro trabajar con una niña, sus padres siempre dicen “las niñas con las niñas, los niños con los niños.” Pero, en sí, eso no importaba ahora, él sólo quería trabajar y no dejarla sola, después de todo sabía que ser “el nuevo” no es nada fácil, él lo fue a principios de la primaria y era complicado; no conoces a nadie, te sientes solo, sin amigos, no sabes dónde está cada cosa en la escuela… Es sumamente difícil.

Comenzaron a hacer la actividad, era un proyecto importante de ciencias. Mientras trabajaban platicaban sobre sus vidas, reían y se divertían, pero lo mejor fue que ambos descubrieron que tenían muchas cosas en común.

Lamentablemente la clase terminó, así que tuvieron que parar el trabajo y con ello la diversión. Pero, no era tan malo, pues al no haberlo terminado en ese momento, tendrían que verse después de clases, lo cual era increíblemente fantástico.

Alejo quería que Clara fuera a su casa para terminar el trabajo y pasar una tarde maravillosa juntos. Sin embargo, no podía hacerlo por sus padres,  pues sabía que con el simple hecho de decirles que llevaría a una niña a la casa, ellos reaccionarían de la peor manera y lo que menos quería era hacer que Clara se sintiese incomoda por su rechazo.

-Terminemos el proyecto en mi casa. -Exclamó Clara, haciendo sin saber que Alejo sintiera un gran alivio en su interior, ya que se había ahorrado la pena de decirle que era imposible que ella fuera a su casa.

-¡Por supuesto! Es sólo que, no sé dónde vives. –Dijo él con una enorme sonrisa a la que Clara respondió amablemente.

Durante el camino a casa, Alejo no dejó de pensar en Clara y en que iría a su casa ¿Cómo sería su familia? ¿Qué tendría, papás o mamás? ¿Cómo sería su casa? Pero sobre todo, ¿Cómo les caería él? ¿Qué pensarían de su visita?

Al llegar a casa, Alejo saludó a papá Javier, el cual estaba sentado en un sillón leyendo el periódico, luego a papá Enrique, quien estaba en la cocina preparando la comida y finalmente subió a la habitación de su hermana Sofía. Posteriormente fue a su habitación, dejó sus cosas, se quitó el uniforme y tomó fuerzas para pedir permiso. No sabía cómo reaccionarían sus padres, jamás había ido a la casa de una niña, siempre está con Dorian o en el taller de teatro, además, ellos siempre dicen que los niños tienen que estar alejados de las niñas, excepto si son hermanos, claro… Había cientos de pretextos para no dejarlo ir y eso le preocupaba bastante. De repente escuchó que lo llamaban a comer, así que sin tener otra opción, bajó.

Cuando llegó, se sentó en una silla frente al comedor y permaneció en silencio, pensando la forma correcta de pedir permiso, ni siquiera comenzó a comer, sólo meneaba el tenedor entre la comida. ¿Por qué tenía que ser tan difícil? Ni una ecuación diferencial de 2° grado era tan terrible como pedir un permiso de ese tipo a sus padres.

-¿Estás bien, Alejo? -Preguntó papá Javier, haciendo que dejara de lado sus pensamientos por un momento.

-Este… Amm… Sí ¿Por qué? -Respondió Alejo dudoso.

-Porque no has comido nada y no has dicho ni una sola palabra, siempre llegas platicando tus aventuras. ¿Qué pasa hoy? -Agregó papá Enrique.

Alejo no sabía si pedirles el permiso o mentirles y decirles que iría al taller. Por una parte, si les pedía el permiso corría el riesgo de que se lo negaran, pero por otra no le gustaba mentirles. “Mentir está mal” pensó y optó por decir la verdad.

-No, estoy bien–Dijo–Por cierto, tengo que terminar un proyecto en la casa de Clara. ¿Puedo ir?

Sus padres se miraron con extrañeza y después lo miraron a él, incluso Sofía volteó intrigada.

-¿Y quién es Clara? -Preguntó papá Enrique en tono serio.

-Una chica nueva, acaba de mudarse a Caliza. Somos compañeros de clase y nos tocó ser equipo, vamos a hacer un proyecto sobre el medio ambiente, pero necesito ir a su casa, porque no pudimos terminarlo en la escuela.

-¿Y por qué ella y no Dorian, como siempre? -Añadió ahora papá Javier, utilizando el mismo tono alarmador que papá Enrique.

-Es que es nueva y no tiene amigos, eso es muy feo, yo me sentía pésimo cuando era el nuevo. No quería que ella también se sintiera de esa forma.

-¿Dónde vive? -El interrogatorio continuaba.

-Cerca de la plaza, a un lado de la pizzería de Tito.

-Bueno, ve. Pero regresarás pronto y le diré a Tito que te mantenga vigilado. -Exclamó papá Javier. Fue como si al escuchar que Tito estaría por ahí, su preocupación e idea de negarse cambiara completamente, después de todo Tito, el pizzero, siempre ha sido muy amigo de la familia.

-Ok. -Respondió Alejo muy feliz. Estaba sorprendido, pensó que no lo dejarían ir. Terminó de comer lo antes posible y apresurado se fue casa de Clara.

Cuando llegó, antes de tocar el timbre, nervioso inhaló y exhaló lentamente. Tembloroso tocó el timbre y luego de algunos segundos de espera, una señora muy guapa y alta con grandes rizos rubios y sofisticados tacones abrió la puerta, a simple vista cualquiera pensaría que sería arrogante y malhumorada, sin embargo, al verlo dijo en tono muy amable:

-Tú debes ser Alejo, Clara dijo que vendrías. ¡Adelante pasa!

Él estaba impactado, se preguntaba qué se sentiría tener una mamá, entró, observó la casa, que era muy grande y muy bonita, en el pasillo había muchas fotografías de la familia, incluida una de Clara cuando era más pequeña disfrazada de conejito. Siguió a la señora hasta la sala y ahí encontró a Clara sentada revisando algunos cuadernos.

-Clara, ya llegó tu compañero. -Dijo la señora desde la puerta.

-¡Oh, sí, muchas gracias mamá Alicia! -Respondió Clara. La señora asintió, sonrió y después se fue.

Alejo y Clara se saludaron felices. Comenzaron a hacer el trabajo, iniciaron una presentación en Power Point increíble, lo que les llevó un par de horas. Continuaron con una pequeña maqueta de un hábitat limpio y uno contaminado, mientras trabajaban hablaban de todo lo referente a ellos.

-¿Haces algo después de clases? -Preguntó Alejo para saber más sobre ella.

-¿Algo? ¿Cómo qué?

-Sí, por ejemplo, yo voy a un taller de teatro musical.

-¡Wow! ¡En serio, qué padre! Yo jugaba fútbol, había un campo deportivo donde vivía antes. Mamá Ximena dijo que buscaría algún equipo por aquí.

-A mí me gustaría jugar fútbol también, pero no puedo. -Dijo Alejo con voz entre cortada y triste.

-¿Por qué? Creo que todos podemos jugar fútbol si queremos.

-Sí, pero mis padres no lo entienden, dicen que eso es de niñas.

-Yo creo que el género no define las capacidades de cada uno, ni las actividades que debamos realizar. Mis mamás siempre dicen que todos somos iguales.

Las palabras de Clara, entraron directo en el corazón de Alejo, sus ojos se llenaron de lágrimas y su pulso se aceleró. Nunca había encontrado a una persona que pensara de esa forma, todos en la escuela eran huecos y pensaban igual que sus padres, incluso algunos profesores. Clara comenzó a reírse, se levantó del asiento y lo abrazó.

-Tranquilo, sólo debes decirles lo que quieres y lo que sientes. -Agregó Clara con ternura.

Cuando terminaron de hacer la maqueta, Alejo volvió a su casa. Sin embargo, durante todo el camino no dejó de pensar en Clara, tal vez ella tenía razón y sólo tendría que decirles la verdad a sus papás, pero todavía no sabía cómo reaccionarían, qué tal si se ponían demasiado intensos y lo alejaban de Clara por meter esas ideas en su cabeza o peor aún, lo cambiaban de escuela o hasta de ciudad. Conforme caminaba, sus pensamientos crecían y crecían, Clara era genial y sus madres también, desearía que sus padres tuvieran los mismos pensamientos de igualdad. Y tal vez él pudiera hacer que llegaran a tenerlos, pero el problema era cómo lo lograría. Sin duda, tenía mucho qué pensar y resolver.

Cuando llegó a su casa, sus padres estaban en la sala viendo el televisor y Sofía estaba jugando con unos carritos de juguete que le habían regalado en su cumpleaños número 8, ahora tenía 10 y era mucho más madura que las otras niñas de su edad.

-Qué bueno que llegas, te estábamos esperando para cenar. ¿Cómo te fue con esa… niña? -Preguntó papá Javier en tono brusco y raro.

Alejo quería sentarse con ellos y contarles lo maravilloso que se la había pasado con Clara, lo que le había dicho, que sus madres eran estupendas, que su casa era muy grande y bonita, que quería jugar fútbol en su tiempo libre, que no importaba el género ni nada de eso. Sin embargo, no lo hizo, primero debía analizar y pensar muy bien lo que les diría, así que sólo respondió:

-Bien, acabamos el trabajo y me vine.

La cara de sus padres se tornó incrédula, pero no mencionaron nada más sobre el asunto, sólo les dijeron a él y a Sofía que la cena ya estaba lista y que por favor pasaran al comedor.

Al día siguiente, cuando estaban en clase, Clara le dijo a Alejo que si quería ir a su casa otra vez y él aceptó contento. Pero después reaccionó, qué le diría a sus padres ahora, no lo dejarían ir de nuevo con una niña. Y ya sabía que mentir estaba mal pero era su única alternativa. Así que, cuando llegó a su casa lo único que se le ocurrió fue decirles que iría al taller y después con Dorian.

Durante los siguientes cinco días fue lo mismo: iba a la escuela, regresaba a casa y decía que acudía al taller, pero en realidad visitaba a Clara (siempre cuidándose de que Tito no lo viera y pudiera desmentirlo con sus padres).

Alejo pasaba grandes momentos con Clara, juntos reían y se divertían mucho, estar con ella era maravilloso, en tan poco tiempo se había convertido en alguien sumamente especial para él, era una niña increíble, bondadosa y divertida, capaz de dar más cariño que cualquier otra chica hueca de la escuela. Cada día que pasaba con ella, era excelente y cada vez entendía menos la obsesión de sus padres de que no tuviera amigas y esa horrible idea de “las niñas con las niñas y los niños con los niños”. Si tan sólo se dieran la oportunidad de conocer al resto de las personas, todo sería diferente, pero en lugar de eso, solamente viven con prejuicios absurdos que no traen nada bueno.

Un día, al llegar a su casa después de la escuela, encontró a sus padres sentados en la sala esperándolo, todo se sentía tenso, el silencio era ensordecedor, por si fuera poco papá Javier tenía el teléfono en las manos. Alejo de inmediato se preocupó, sabía que algo extraño pasaba, siempre al llegar los encuentra ocupados en la cocina y esta vez era diferente, además, la molestia en sus rostros era evidente. Ante este panorama sólo le quedaba esperar y ver qué era lo que pasaba.

-¿A dónde vas después de clases? -Preguntó Papá Enrique molesto, antes de que Alejo siquiera pudiera saludarlo.

-Aquí  y después al taller. -Dijo Alejo mientras cruzaba los dedos por detrás.

-¿Seguro? –Cuestionó de nuevo papá Enrique. Y Alejo, con todo el dolor de su corazón por mentirles de esa forma, asintió. Pero, en realidad no tenía otra opción, sabía que si decía la verdad la pasaría muy mal y tendría que dejar de ver a Clara, quién ahora era parte esencial de su vida.

-De acuerdo… Entonces ¿Por qué nos han llamado del teatro para informar que has faltado mucho los últimos días? -Informó papá Javier mientras su cara se tornó de color rojo, indicando que estaba más molesto que nunca.

Alejo sintió como un nudo se formaba en su garganta y un hueco se profundizaba en su estómago. No sabía qué decirles, pasaba mejores momentos con Clara que en el taller, además, ya no quería hacer musicales, quería jugar fútbol, por lo que se armó de valor y al fin dijo:

-¡Ya no quiero ir al taller! ¡Quiero hacer lo que me gusta! ¡Quiero jugar fútbol, como Clara!

-¡Pero qué dices! ¡El fútbol es para niñas! Tú debes estar el taller de teatro musical, bailando y cantando, no en un campo de fútbol persiguiendo un balón y ensuciándote de tierra. -Agregó papá Enrique muy molesto.

-Pero las cosas no deben ser así, todos podemos hacer lo que nos gusta, no importa si eres hombre o mujer.

-¡Ay no puede ser! ¡Fue esa mocosa! ¿Verdad? ¡Fue ella la que estuvo metiéndote esas estúpidas ideas en la cabeza! -Gritó papá Enrique cada vez más enojado.

-No, claro que no. -Negó Alejo, no quería meter en problemas a Clara o que le prohibieran verla -Es sólo que… ¡Quiero jugar fútbol! ¡Disfrutar de lo que hago!

-¡De ninguna manera, ningún hijo mío va a andar por ahí sudando y corriendo! ¡Arriesgándose a qué lo lastimen! ¡No puedo creer todas las tonterías que  dices! ¡He dicho que el fútbol es para niñas y tú eres un niño! -Los gritos de papá Enrique continuaban.

Pero Alejo no soportó más y comenzó a llorar, no quería seguir escuchando lo que sus padres le estaban diciendo, dijera lo que dijera, nada iba a hacer que cambiaran su perspectiva sobre la situación, así que, se fue corriendo a su habitación y se encerró para ya no tener que escucharlos.

Al llegar, se acostó en su cama y perdido en un laberinto de emociones fijó la mirada en una muñeca que tenía desde pequeño, trataba de encontrar respuestas, pero no pudo más que continuar llorando. No dejaba de pensar en que Clara era la única que lo entendía, la única que lo ayudaba y la única que lo hacía sentir mejor en momentos así. De pronto, una idea descabellada pasó por su cabeza: saldría por la ventana de su habitación y se escaparía a la casa de Clara. Se armó de valor, tomó su mochila y con cuidado de no caerse salió procurando que nadie lo escuchara. Se fue corriendo hasta la casa de Clara, pero durante todo el camino no pudo calmar su llanto.

Cuando por fin llegó, tocó el timbre apresurado e inmediatamente salió Clara, pero al verlo llorar se desconcertó demasiado. Lo hizo pasar y ambos se dirigieron directamente a su habitación.
Una vez ahí, Clara le preguntó qué pasaba y Alejo le contó todo. Clara se sintió pésimo por él y buscando darle consuelo le abrazó con fuerza, pero de pronto pasó algo inesperado: ambos sintieron una tensión extraña y el aire se sentía más denso… Clara se separó de él unos cuantos centímetros y dejándose llevar por un extraño impulso inclinó la cabeza para besarlo, sin dudarlo por un instante, Alejo correspondió al beso. En sus labios encontró una enorme calma, al tiempo que un cosquilleo recorría su cuerpo, algo intenso en el estómago, algo que nunca antes había sentido, notó cómo su corazón comenzó a latir más rápido que de costumbre, una conexión tan grande que parecían flotar en el aire, a su alrededor sus cabellos se movían libremente, fue como si por un instante desaparecieran todos los problemas y sólo existieran ellos dos.

Después de algunos segundos, el beso terminó y cuando sus labios se separaron, ambos estaban desconcertados, no sabían lo que sentían, qué estaba pasando y sobre todo no sabían cómo reaccionaría el otro ante la situación…

-Oh lo siento, no debí -Dijo Clara asustada-Perdóname.

Alejo, estaba impactado, confundido y sin saber qué decir, era como si se le escondieran las palabras y la realidad se burlara de él. Por una parte el beso se había sentido muy bien, pero por otra, sabía que sus padres lo matarían, y si se habían enojado tan sólo porque iba a casa de una niña, se pondrían peor si se enteraban de que ahora la había besado. Además, ellos siempre le han dicho que una mujer y un hombre no deben estar juntos, qué las parejas heterosexuales son una aberración de la naturaleza, que hombres y mujeres son muy distintos y por ello sólo deben estar con sus iguales. ¿Cómo podía luchar con lo que siempre se le ha dicho? ¿Qué pensaría la sociedad? ¿Ese beso lo estaría condenando al infierno? ¿Pero qué pasaba con sus sentimientos, con aquello que por días lo había hecho feliz? De pronto tuvo la sensación de que últimamente lo que decían no le sonaba muy congruente, sino sólo a prejuicios sin sentido. También pensó en Clara y que lo último que quería era lastimarla, así que respondió:

-No te preocupes, al final yo correspondí, no fue tu culpa. Además, me ayudó a sentirme mejor.

-Pero… ¿No te molesta? Porque... Ya sabes… Un hombre y una mujer… “No es correcto”.

-No, tú has dicho que todos somos iguales, ¿cierto?

-Pero, entonces, ¿tú y yo?…

-No lo sé. -Añadió Alejo todavía confundido. ¿De verdad ese beso lo cambiaría todo entre ellos? ¿Dejarían de ser amigos? ¿O pasarían a ser algo más que eso? ¿Será que por eso nunca tuvo un novio antes, porque era heterosexual? ¡Pero, sus padres! No podía dejar de pensar en su reacción, que seguramente sería fatal.

-¿Y bien? -Preguntó Clara.

-¿Tú qué piensas? -Interrogó Alejo, dando  vuelta a la pregunta.

-Yo… Te quiero y quiero estar contigo. No me importa lo que los demás digan.

-Entonces yo también quiero estar contigo. Es sólo que, me preocupan mis papás ya sabes cómo son.

- … Bueno, encontraremos el momento indicado para contarles, pero mientras tanto, ¿estamos juntos?

-Claro que sí. -Asintió Alejo y volvió a besarla. Era el chico más feliz del planeta, Clara era una gran persona y si antes ya le tenía aprecio, ahora que eran más que amigos comenzaba a quererla con mayor intensidad y aunque no sabía cómo les diría a sus padres, se sentía increíble por estar con ella, sabía que era la  indicada y eso le bastaba. Después de algunos minutos descubriendo el amor, escucharon la voz de mamá Ximena quién los llamó para comer, ambos lo hicieron con una enorme sonrisa dibujada en sus caritas.

Al llegar, se sentaron en una silla cada uno, al lado del otro. Mientras comían Alejo se llenó de salsa y para su sorpresa Clara tomó una servilleta y comenzó a limpiarlo con inmensa suavidad y delicadeza. Las mamás de ella, los miraron con extrañeza y ellos pudieron sentir esas miradas raras. Mamá Alicia lanzó una pequeña risilla y dijo:

-¿Y ahora ustedes? ¿Qué pasa?

Alejo y Clara se voltearon a ver con complicidad, no sabían si contarles o no, ellas eran muy amables, tal vez los apoyarían, pero no querían que lo supiera nadie, o al menos no por ahora, los rumores corren rápido en Caliza y lo que menos querían era que se enterara la ciudad entera.

-Amm… Nada… -Dijo Clara impulsivamente tratando de evitar el tema por completo.

-¿Seguros? -Preguntó mamá Alicia de nuevo.

-Sí, seguros, ¿verdad que sí, Ale? –Clara estaba cada vez más nerviosa y no quería que Alejo se sintiera presionado, ni incómodo. Volteó a verlo con cara de preocupación y pudo ver que él tenía la misma expresión. Pero, no pasó mucho para que Alejo, aún nervioso y un tanto preocupado, tomara valor y dijera:

-Yo creo, que ellas lo entenderán… ¿Podemos contarles?

Clara asintió y comenzaron a contarles todo, mientras lo hacían ellas colocaron cara de inmensa sorpresa, pero al mismo tiempo de ternura y felicidad, se podía notar que estaban contentas por ellos, al punto de ponerse de pie para abrazarlos y decirles que ellas siempre los amarían y apoyarían sin importar las circunstancias y, además, recibieron felicitaciones de su parte.  

Después de algunas horas, Alejo volvió a su hogar más alegre que nunca, Clara y él ahora eran novios y eso lo hacía sumamente feliz. Trepó por la ventana, esperanzado de que sus padres no se hubieran dado cuenta de que se había escapado. Al entrar, se encontró con la sorpresa de que Sofía estaba sentada su cama.

-Hola, Sofí ¿Qué haces aquí? -Preguntó Alejo sorprendido.

-En la tarde me dijeron que viniera a hablarte y vine, pero no estabas. Les dije que estabas dormido, entonces me pidieron que te vigilara y que cuando despertaras te dijera que bajaras. -Respondió Sofía.

-¿Así que no saben que me escape?

Sofía negó con la cabeza y Alejo sintió un gran alivio al recibir la noticia. Sin embargo, no quiso bajar y le pidió a su hermana que les dijera que aún estaba dormido. Le agradeció con un fuerte abrazo.

Al día siguiente, al despertar, en la primera persona que pensó fue en Clara, realmente la quería muchísimo y quería verla lo antes posible. Al bajar a desayunar, evitó a sus padres lo más que pudo, pues no quería una discusión tan temprano.

Cuando llegó a la escuela, se encontró con Clara en el patio y se fueron juntos al salón tratando de disimular los sentimientos mutuos para que los demás no se percataran del asunto. Al entrar, encontraron el salón vacio y al ver esto, se alegraron, ya que podían ser libres por un ratito sin tener que preocuparse de ser juzgados por el resto de los chicos y de los profesores, así que, se besaron con dulzura. Pero pronto descubrieron que debieron tener más cuidado, porque su beso aún no terminaba, cuando escucharon un grito acompañado de una frase espantosa: “¡Ah! ¡Malditos heterosexuales!” Ambos se asustaron mucho y voltearon para ver quién era y se dieron cuenta de que era Susan, una chica mala que siempre quiere que se haga lo que ella diga. Y antes de que Alejo y Clara pudiesen decir algo, Susan salió corriendo, así que los dos  esperaron lo peor. Sonó el timbre para la primera clase y el salón comenzó a llenarse de alumnos, Alejo y Clara tomaron asiento, nerviosos y completamente asustados todavía. A mitad de la clase apareció Susan de nuevo acompañada de un prefecto y éste último dijo:

-Clara, Alejo, los esperan en dirección. Sus padres están aquí.

Alejo y Clara sintieron como su pulso se aceleraba y su presión aumentaba acompañada de frustración y desesperación. Sin decir nada se levantaron de su lugar y siguieron al prefecto hasta la dirección, pudieron sentir las miradas de todos encima de ellos al salir.

Cuando llegaron a la dirección, los padres de Alejo y las madres de Clara estaban ahí. Al parecer ya sabían de la situación, porque los papás de Alejo tenían la cara roja de coraje y su expresión era terrible.

-¡Por Dios Alejo! ¡No puedo creer en lo que te has convertido! -Gritó papá Javier.

-¡Le has fallado a Dios y a nosotros! -Siguió papá Enrique. Sin embargo, él se veía mucho peor y no controló sus impulsos, en ese instante se  dirigió hacia a Alejo y le dio una fuerte cachetada, sin importarle los presentes y menos los sentimientos de su hijo.

-¡Por favor señores, cálmense! No es para que golpee al niño, esto no es nada malo, los muchachos se quieren y no debemos intervenir en su vida a ese grado, entiendo que quieran lo mejor para su hijo, pero esto no lo perjudica, sólo es un noviazgo como cualquier otro y tenemos que respetarlos. -Intervino mamá Alicia.

-¡Usted no se meta, señora! ¡Mejor encárguese de educar a su hija, que buena falta le hace! -Exclamó papá Enrique furioso -¡Y tú, Alejo, vámonos, no volverás a esta escuela, ni a ver a esta niña!

Alejo abrazó a Clara y ambos sintieron caer grandes lágrimas de sus ojos, pero no pudieron terminar su abrazo ni tampoco despedirse, porque en el momento en el que se acercó a ella, papá Javier lo jaló del brazo separándolos por completo.

-¡Por favor! ¡No me quiero ir! ¡No estoy haciendo nada malo! ¡Déjenme quedarme aquí, con Clara!–Suplicó Alejo llorando y desesperado. Pero fue inútil, porque papá Enrique lo empujó hasta la salida.

Al pasar por el patio un montón de chicos comenzaron a gritarle “¡Estúpido hetero!”, “¡Eres un marica!”, “¿No te da vergüenza salir así, tan macho?”, “¡Estás mal de la cabeza, enfermo!”, “¡Eres una decepción para la humanidad!” y un sinfín de insultos más, que hicieron que se sintiera fatal. (“los rumores en Caliza corren rápido…”). Pensó que sus padres lo defenderían o algo parecido, pero lo único que dijeron fue:

-¡Por Dios, Alejo! ¿Es lo que querías? ¡Pero lo peor es que ellos tienen razón! ¡Eres una vergüenza para todos! ¡Es una lástima que seas nuestro hijo y estés con esas estupideces que sólo traerán desgracia! ¿Sabes por qué? ¡Porque te has convertido en un pecador, sin remedio! ¡Recibirás el castigo que mereces!

Alejo, cada vez se sentía peor, lo que le estaban diciendo era horrible y lo herían profundamente, no se daban cuenta de que apenas era un niño y de que su noviazgo con Clara no perjudicaba a nadie, él entendía que otras cosas, como las drogas,  estuvieran prohibidas, pero eso es porque te dañan, en cambio el amor no perjudica en lo absoluto, al contrario, es algo maravilloso que deberían recibir todos sin excepciones, ni limitaciones.

Llegaron a su casa y no pararon de regañarlo y gritarle aún más cosas que sin duda alguna, lo ponían muy mal, eso sí le causaba daño, porque estaban lastimándolo con palabras que no eran adecuadas para nadie. Sus padres deberían entender que su relación con Clara era sana y lo ponía muy feliz, ella lo hacía sentir bien hasta en el peor momento y ahora los únicos que lo perjudicaban eran ellos.

Alejo no soportó más y subió a su habitación desconsolado y llorando sin parar, ahí se encerró en el baño, sentado en el piso observaba a su alrededor, se preguntaba qué sería de él, qué pasaría con Clara… De pronto pensó que ya nada tenía sentido, sus padres ya no lo querían, le habían dicho lo peor, jamás eliminarían sus prejuicios, tampoco lo dejarían elegir por sí mismo lo que le gustaba y deseaba hacer, como jugar fútbol. Además, no vería más a Clara, ¿Qué haría sin ella? Era la única que conocía a quién no le importaba nada, quién lo apoyaba y quería tal como era.

Por otra parte, pensó que ahora todos lo odiarían y se burlarían de él, tal vez sus padres lo cambiarían de escuela y de ser posible hasta de ciudad, nadie lo aceptaría por sus preferencias. ¿Qué sentido tendría vivir? Se puso de pie, preparó la bañera con agua caliente, su favorita. Con mucha determinación se metió en ella. Una vez dentro miró hacia arriba, entró la respuesta, quizá la muerte era lo mejor...