EL ORNITÓPTERO

EL ORNITÓPTERO

EL ORNITÓPTERO

Era real, estaba volando, se había cumplido mi deseo, ese que tanto había anhelado desde aquel profético día, ese en el que aquel halcón me había besado con sus alas mientras yo gorjeaba en la cuna.

Era un ser nuevo, renacido; mis extremidades se habían convertido en remos de una nave que me arrastraba hacía lugares infinitos. Noté un fuerte crujido, de mis muñones dos majestuosas alas brotaron y batiéndose de arriba a abajo me impulsaron hacia el campanario de la iglesia.

Me deleité con el sabor de las nubes, el arrullo del viento y el color tostado de los campos de Vinci. Un aire grueso y denso  me obligó a extender las alas. El cansancio me había hecho relajarme y recogerlas, era necesario que las volviese a batir si quería mantenerme a flote.

Abrí los ojos, un petirrojo se había colado en la estancia a través del ventanal, trayendo a mi memoria el color de la Navidad. Me recosté sobre los almohadones, todavía podía notar el viento en mi cara, había sido tan real. Mis ojos cansados, siguieron la trayectoria de aquel pequeño cantor. El trino alertó a mi discípulo que se apresuró a salir del estudio.

-¡Buon Natale Lorenzo!, acercaos, necesito que cojáis tinta y papel y esbocéis para mí un sueño que he tenido.